Crecida río Ozama dejó 67 casas tapadas barrio El Tamarindo SDE
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO ESTE.-
El rugir de las aguas del río Ozama ha dejado su marca en el barrio El Tamarindo, en el corazón del municipio Santo Domingo Este (SDE). Las imágenes desoladoras de al menos 67 hogares sumergidos en un mar repentino son un sombrío recordatorio de la vulnerabilidad que enfrentan nuestras comunidades frente a la furia de la naturaleza.
Este desastre se desató como consecuencia de las implacables lluvias del pasado fin de semana, que pusieron a prueba la infraestructura de drenaje pluvial en El Tamarindo. La angustia se ha apoderado de decenas de familias cuyas casas ahora yacen bajo el agua, dejándolas sin más opción que buscar refugio temporal en hogares de amigos y familiares.
El alcalde de SDE, Manuel Jiménez, se pronunció sobre la situación, prometiendo acciones inmediatas para enfrentar la emergencia. Se comprometió a movilizar recursos y personal para limpiar los desagües obstruidos, así como a brindar asistencia a los afectados. Esta respuesta es esencial, pero también plantea preguntas incómodas sobre la preparación y la capacidad de nuestras autoridades locales para hacer frente a eventos climáticos extremos.
No es solo El Tamarindo el que sufre; otros sectores, como La Javilla, Sabana Perdida, Urbanización Perla Antillana, Cancino Adentro y Villa Liberación, también enfrentaron estragos similares. Este patrón de destrucción revela una preocupante falta de resiliencia en nuestras comunidades ante las inclemencias del tiempo.
La pregunta persiste: ¿estamos lo suficientemente preparados para enfrentar eventos climáticos extremos? Las respuestas no solo recaen en la respuesta de las autoridades, sino también en la planificación urbana, la conciencia ciudadana y la colaboración comunitaria. La situación en El Tamarindo no es solo un recordatorio de la ineludible fuerza de la naturaleza, sino también de la necesidad de tomar medidas proactivas para minimizar los riesgos.
A medida que las familias afectadas buscan consuelo en la hospitalidad de amigos y parientes, nuestra solidaridad como sociedad debe manifestarse no solo en palabras, sino en acciones. La reconstrucción será un proceso arduo, pero también es una oportunidad para aprender de nuestros errores y construir un futuro más resiliente.
En última instancia, la tragedia en El Tamarindo debería ser un llamado de atención para que nuestras comunidades, nuestras autoridades y nuestra sociedad en su conjunto se unan en la tarea de enfrentar los desafíos del cambio climático. La lucha contra la naturaleza es una batalla desigual, pero la solidaridad y la preparación pueden inclinar la balanza a nuestro favor.

