ASDE reconociendo la diáspora dominicana
Por Roberto Veras,
SANTO DOMINGO ESTE.-
Desde las vibrantes calles del Bronx, donde la comunidad dominicana ha tejido su propia historia de lucha y éxito, he llegado a apreciar la riqueza cultural que emana de la diáspora dominicana en Nueva York.
Recientemente, me enteré con alegría de que el Ayuntamiento de Santo Domingo Este inaugurará una plaza en honor a los dominicanos residentes en el exterior.
Considero que esta decisión es no solo acertada, sino también un paso significativo hacia el reconocimiento merecido de aquellos que han contribuido a engrandecer la imagen de la República Dominicana en tierras lejanas.

La alcaldía tendrá la oportunidad de rendir homenaje a los hijos de la tierra que se han destacado en diversas áreas, ya sea en el arte, la locución, la política, y más allá. En esta importante urbe, dominicanos han florecido, han dejado huella y han demostrado que el talento y la dedicación no conocen fronteras.
Es crucial que este homenaje no se limite a aquellos que aún viven, sino que también abarque a aquellos que han partido, dejando un legado imborrable. Figuras como Adriano Espaillat, Negro Santos, Dr. Rafael Lantigua, José Peralta, Minerva Minervino, Normanda Maldonado, Ramón Aníbal Ramos, Fermín Luna, Frank Adolfo, Nazario Brea, Papi Lafontaine, los hermanos Rodríguez, y muchos otros, deberían ser tomados en cuenta en este tributo especial.

Cada uno de estos nombres representa una historia de éxito, de superación, y de amor por la tierra que los vio nacer. Recordar sus contribuciones es también recordar la diversidad y el ingenio que caracteriza a la diáspora dominicana en Nueva York. En este momento de reflexión, es difícil no recordar a aquellos cuyos nombres escapan a la memoria, pero cuyo impacto ha sido igualmente valioso.
Esta plaza no solo será un espacio físico, sino un símbolo de unidad entre las dos tierras que estos ciudadanos han llamado hogar. Espero que este gesto inspire a las generaciones futuras, recordándoles que el viaje desde las calles del Bronx hasta las plazas de Santo Domingo Este es una narrativa que continúa enriqueciéndose con cada logro y sacrificio.
En conclusión, celebro la decisión del Ayuntamiento de Santo Domingo Este de inaugurar una plaza en honor a la diáspora dominicana en Nueva York. Que este acto de reconocimiento sirva como un faro que ilumina la conexión entre dos lugares que, aunque distantes geográficamente, comparten un lazo indestructible a través de sus ciudadanos.

