«La culebra muere cuando se le corta la cabeza»
Por Roberto Veras,
SANTO DOMINGO.-
La expresión «las culebras solo mueren cuando se les corta la cabeza» es una metáfora que se utiliza para transmitir la idea de que ciertos problemas o situaciones persisten mientras la raíz o la fuente principal no es abordada o eliminada.
En el contexto político, esta metáfora podría aplicarse a situaciones en las que un problema persiste a pesar de intentos superficiales de solucionarlo. Implica que, para abordar un problema de manera efectiva, es necesario ir más allá de las soluciones temporales y abordar las raíces profundas del problema.
En el escenario político actual, hemos sido testigos de una estrategia desesperada por parte de un candidato en busca de apoyo. Tras agotar una serie de ataques basados en maltratos de imágenes, parece que la campaña ha llegado a un punto crítico, donde la desesperación se apodera de la escena política.
Este candidato, que ha optado por una táctica agresiva y poco ética, ha lanzado una serie de ataques personales y manipulaciones visuales para debilitar la imagen de su adversario. Sin embargo, al encontrarse con una resistencia inesperada por parte del electorado y una creciente crítica hacia sus métodos, ha decidido cambiar de estrategia.
En lugar de continuar con la ruta de los ataques directos, este candidato ha recurrido a una táctica más sutil: buscar apoyo a través de personas cercanas al contendiente adversario. Es como si estuvieran actuando como pastores sin las ovejas, intentando ganar adeptos entre aquellos que han compartido un camino político con el adversario.
Esta táctica, aunque puede considerarse astuta desde un punto de vista estratégico, plantea interrogantes sobre la integridad y la ética del candidato y su equipo de campaña. ¿Es ético buscar apoyo a través de individuos que antes eran aliados políticos del adversario? ¿Qué tipo de lealtad y coherencia puede esperarse de alguien que está dispuesto a cambiar de bando en busca de beneficios políticos?
Los ciudadanos merecen conocer las verdaderas motivaciones y principios de aquellos que buscan liderarlos. La táctica de buscar apoyo a través del adversario puede ser interpretada como un acto de oportunismo político, lo que plantea dudas sobre la autenticidad y la coherencia del candidato en cuestión.
En última instancia, el electorado tiene la responsabilidad de evaluar estas tácticas y tomar decisiones informadas en las urnas. ¿Apoyarán a un candidato que ha agotado sus recursos en maltratos de imágenes y ahora recurre a tácticas cuestionables para ganar apoyo? O, por el contrario, optarán por líderes que se adhieran a principios sólidos y demuestren integridad en su búsqueda del poder político? La respuesta recae en la conciencia y el juicio crítico de los ciudadanos.

