Los votantes y los resultados económicos
Daris Javier Cuevas
Una de las principales características de la ciencia económica es que concentra su
interés por el estudio de los fenómenos complejos de una manera extensa enfocados en
la conducta social, la gestión de múltiples riesgos, los beneficios posibles y los
potenciales escenarios macroeconómicos que se pronostican. Indudablemente que las
valoraciones que de estas se hagan tiene un elevado componente subjetivo, sin escapar
de su esencia fundamental como lo es la sociedad, significando esto que como tal la
economia termina siendo influenciada por la dinámica social y política prevaleciente,
asi como por el interés monetario intrínseco.
Por lo expuesto, el análisis economico del comportamiento de los votantes tiene una
explicacion fundamental en la microeconomía política que determina la aportación
electoral, la información que estos manejen y como las organizaciones partidarias
enfoquen su estrategia. Y ha de ser de esa manera ya que el voto es un indicador de la
capacidad de reacción o repuesta que han de tener los ciudadanos electores a las
situaciones económicas de una sociedad determinada.
En los procesos electorales, los resultados económicos son determinantes para una
gestión de gobierno acompañada del manejo de los fondos públicos de una manera
pulcra, prudente y forrado de transparencia desvinculado de la intención de procurar
dividendos electorales vía el uso alegre o desenfrenada de estos. El uso de los fondos
publicos por parte de algunos gobernantes es una forma de promover la corrupción
administrativa de manera abusiva y desproporcionada en perjuicio de la democracia de
calidad.
Generalmente cuando los gobernantes se ven acorralados por una situación económica y
social adversa, son muy propensos al uso abusivo de los fondos publicos con la
intensión de variar la percepción de los votantes. La desesperación se apodera de los
gobernantes por el hecho de que la percepción de los votantes sobre la situación de la
economia afianza su decisión electoral en el entendido de que tal criterio induce al
denominado voto economico retrospectivo, es decir, que el votante descansa su decisión
en valorar los resultados económicos como la inflacion, el desempleo y el crecimiento
de la economia, por lo que asumen que si el gobierno no ha tenido éxitos en esos tres
aspectos, prefieren decantarse por el candidato que le proporcionará más beneficios
individual y colectivo, algo que es un axioma.
Las evidencias empíricas demuestran que cuando los votantes tienen la percepción de
que las circunstancias económicas son malas; donde la inflacion y el desempleo parecen
elevados, los votantes prefieren castigar al gobierno con su voto, planteando una
configuración económica de rechazo. La firmeza de la percepción económica
desfavorable es de tal suerte que los votantes tienen muy presente lo que les ha pasado a
Ellos y al país, convirtiéndose en un repudio general contra el gobernante de turno y su
partido.
Bajo los planteamientos expuestos existe una explicacion convincente de la teoría
electoralista desde un enfoque economico que sostiene que, al momento de las
elecciones, los votantes tienen como denominador común expresarse en función de los
resultados económicos, en particular, los precios de los alimentos y el desempleo. Y es
que los resultados y comportamiento de la economia tiene una influencia directamente
proporcional con la conducta que asumen los votantes ya que la incertidumbre que
genera la situación económica se traduce en un descontento generalizado en los
votantes, por eso es muy recordada la expresión de que, es la economia, estúpido, y de
frecuente recordación en USA.
A la luz de la sorpresa inesperada que la economia le tiende al gobierno, este entra en
una fase abrumadora de pánico y desesperación que induce a la adopción de múltiples
medidas sin calcular las consecuencias que estas podrían arrastrar como el desorden en
las finanzas públicas fruto de implementar ayudas no presupuestadas orientadas a
proteger el poder adquisitivo o atenuar las dificultades individuales o mejorar sus
ingresos de manera coyuntural. Sin embargo, decisiones de esta naturaleza para nada
lograrían apaciguar con cierta efectividad el voto de castigo ante una situación
económica muy desfavorable, si se parte de que la evaluación del panorama económico
general tenga gran incidencia en el voto.
Muchos gobernantes son advertidos por sus asesores de que el voto castigo es un reflejo
de que la precepción de la situación económica mala es un riesgo que pone en peligro la
favorabilidad por parte de los votantes, por tanto, recomiendan apelar a los programas
sociales para mitigar tales riesgos. No obstante, esta decisión puede convertirse en un
arma de doble filo ya que cuando los votantes descubren que la activación de estos
programas tiene como finalidad la politización de los mismos y que son coyunturales,
en la generalidad de los casos se revierte contra el gobierno y su partido de una manera
implacable y silenciosa.

