Apartar a Cabrera de la dirección organizacional de los eventos del PLD en SDE ha sido un desacierto.
Por Roberto Veras.-
SANTO DOMINGO ESTE.-
La decisión de apartar a Cabrera de la dirección organizacional de los eventos del PLD en Santo Domingo Este (SDE) ha sido un desacierto monumental. No se trata simplemente de un cambio de liderazgo, sino de entregar la campaña electoral del candidato a la alcaldía del PLD a individuos con agendas ocultas y aspiraciones egoístas, fue como encomendar la dirección de la Iglesia Católica a Martín Lutero; una elección completamente fuera de lugar.
La lealtad a los principios es una cualidad admirable y escasa en la política contemporánea, y Cabrera ha demostrado ser un ejemplo vivo de esta virtud. A lo largo de su carrera, ha mantenido una coherencia notable en sus acciones, siempre guiado por un conjunto de valores arraigados.
Cabrera ha demostrado ser el único dirigente del PLD que entiende el verdadero significado de lealtad y servicio al partido. A diferencia de otros, él aspiró a la alcaldía y, al ver que los números no le favorecían, tuvo la valentía y la humildad de renunciar, cediendo el espacio al candidato que en ese momento representaba los intereses del partido. Su actitud ejemplar debería haber sido reconocida y valorada, no castigada.
Su lealtad no se limita solo a sus propios intereses, sino que se extiende al bienestar del partido y, por ende, al de la comunidad que representa. Cabrera ha sido capaz de resistir las tentaciones y presiones que a menudo corrompen a otros políticos, manteniéndose firme en sus convicciones y compromisos.
La verdad es que dejar a Cabrera fuera de la dirección organizacional es un error estratégico y ético. ¿Qué garantías tienen los ciudadanos de que aquellos que ahora manejan la campaña del candidato actuarán en beneficio del partido y no de sus propios intereses? ¿Cómo pueden confiar en líderes con agendas ocultas y aspiraciones egoístas?
Esta lealtad a sus principios se refleja no solo en su discurso, sino también en sus acciones. Ha demostrado una disposición a renunciar a sus propias aspiraciones cuando ha sido necesario en aras de un bien mayor, mostrando un desinterés en el poder personal que es verdaderamente admirable.
En un panorama político donde la confianza y la integridad son valores escasos, Cabrera destaca como un faro de honestidad y coherencia. Su lealtad a sus principios es una cualidad que debería ser reconocida y valorada, y su ejemplo debería servir de inspiración para otros líderes políticos en el país.
En tiempos en los que la transparencia y la honestidad política son más necesarias que nunca, apartar a alguien como Cabrera es una bofetada a esos principios. A veces la verdad es dolorosa de aceptar, pero ignorarla solo conduce a errores aún mayores. Es hora de rectificar este error y devolverle a Cabrera el papel que legítimamente le corresponde en la dirección organizacional del PLD en SDE.

