Lila Alburquerque: Una victoria del pasado y del presente
Por Redacción SDE digital.-
En el panorama político dominicano, Lila Alburquerque se ha destacado como una figura de larga data. Con 38 años de servicio en la Cámara de Diputados, su retiro el próximo 16 de agosto marca el fin de una era. Sin embargo, su reciente declaración sobre los resultados electorales ilumina aún más su carácter y trayectoria.
Alburquerque expresó su satisfacción por la derrota de Guillermo Moreno en las urnas, una reacción que muchos podrían considerar inusual para una político de su experiencia. Sin embargo, sus palabras están cargadas de un significado histórico que no debe pasarse por alto.
Recordemos que Moreno, en su rol como Fiscal del Distrito Nacional, intentó interrogar a Joaquín Balaguer después de que este dejara la presidencia. Para Alburquerque, defensora acérrima de Balaguer, esta acción de Moreno fue vista como una afrenta personal y política. Ahora, al ver la derrota de Moreno, Alburquerque parece saborear una especie de justicia poética, un «desquite viejo» que trae consigo ecos del pasado.
Este desenlace no solo refleja las complejidades de la política dominicana, sino también la tenacidad y memoria de sus actores. Alburquerque, en su despedida, no solo celebra una victoria presente con la elección de Omar Fernández como senador del Distrito Nacional, sino que también cierra un capítulo de su propia historia política con una nota de satisfacción personal.
La carrera de Alburquerque en el Congreso ha sido, según sus propias palabras, una «experiencia exitosa, duradera y fructífera». Su longevidad en el cargo habla de su habilidad para navegar las aguas turbulentas de la política dominicana y mantener el apoyo de sus electores. Su despedida, sin embargo, viene acompañada de un último mensaje claro: en la política, las cuentas pendientes del pasado siempre encuentran su resolución en el presente.
Así, Lila Alburquerque se retira no solo como una veterana del Congreso, sino como una figura que ha visto y formado parte de la evolución de la política dominicana. Su legado, teñido de victorias y derrotas, es un recordatorio de que, en este ámbito, la historia y las emociones personales están inextricablemente entrelazadas.

