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El Odfelismo, un Legado de ayuda y solidaridad que trasciende siglos

Por Juan Veras

SANTO DOMINGO.-

Desde los tiempos medievales, la historia europea ha estado marcada por la influencia de órdenes que, más allá de su poder militar, dejaron un legado cultural y económico de gran relevancia.

Uno de los ejemplos más emblemáticos es el de los templarios, una orden que, tras regresar de las tierras santas, trajo consigo a Europa no solo una vasta riqueza económica, sino también conocimientos arquitectónicos desconocidos en la época.

Los templarios, con su regreso a España, Inglaterra y Francia, introdujeron técnicas de construcción en piedra que transformaron la arquitectura de estos países.

Fue en este contexto donde los albañiles comenzaron a formar gremios, organizándose en asociaciones que, mediante pequeñas cuotas, acumulaban recursos destinados a enfrentar eventuales adversidades, como la muerte de un miembro.

Esta organización y previsión son, sin duda, el germen de lo que más tarde se conocería como el Odfelismo.

Los ayudantes de los albañiles, inspirados por el modelo de sus superiores, también comenzaron a organizarse, estableciendo gremios con los mismos estatutos y principios que regían a los maestros.

Estos gremios no solo sirvieron para la protección de sus miembros, sino que cimentaron las bases de una organización que, con el tiempo, evolucionaría hacia una asociación filantrópica, sin fines de lucro, con la misión de brindar ayuda en los momentos más difíciles, como la pérdida de un ser querido.

Es en esta tradición de solidaridad, ayuda mutua y previsión donde encontramos las raíces del Odfelismo, una organización nacida de la necesidad de enfrentarse a la adversidad con dignidad y apoyo colectivo.

Esta noble institución, que hoy se extiende a lo largo y ancho del mundo, sigue fiel a su propósito original: acompañar y ayudar a sus miembros en los momentos de dificultad, brindando un apoyo que trasciende lo material y se fundamenta en los valores de amistad, amor y verdad.

El Odfelismo, o la organización de las “Gentes raras”, como se les ha denominado en ocasiones, es un testimonio viviente de cómo la cooperación y la solidaridad pueden forjar un legado duradero.

Hoy, más de un milenio después de aquellos primeros gremios de albañiles, seguimos celebrando la esencia de una organización que ha sabido mantenerse fiel a sus principios fundacionales, adaptándose a los tiempos sin perder de vista su misión primordial: la ayuda mutua y el apoyo en los momentos más difíciles.

El odfelismo, en su esencia filosófica, se presenta como una sociedad profundamente arraigada en principios de fraternidad, filantropía y educación. Desde sus inicios, ha abrazado ideales que buscan fortalecer la unión entre los seres humanos, promoviendo valores como la amistad, el amor y la solidaridad hacia toda la humanidad.

Uno de sus principales propósitos es laborar incansablemente por la confraternidad y la concordia entre los hombres. Esta misión va más allá de la mera convivencia; se trata de cultivar lazos de respeto mutuo y colaboración que trascienden diferencias y promueven la armonía en la sociedad.

La promoción de la amistad y el amor hacia la humanidad constituye otro pilar fundamental del odfelismo. A través de acciones altruistas y de apoyo comunitario, sus miembros se comprometen a tender la mano a quienes más lo necesitan, demostrando así un compromiso activo con el bienestar colectivo.

La actitud firme en defensa de la verdad es una característica distintiva. Los odfelos se erigen como guardianes de la honestidad y la transparencia, enfrentando cualquier forma de engaño o manipulación que amenace con socavar la confianza y la integridad.

Asimismo, el odfelismo se posiciona en la lucha contra el vicio y la ignorancia, promoviendo el desarrollo personal y colectivo a través del conocimiento y la educación. Este compromiso se refleja en iniciativas educativas, culturales y sociales que buscan elevar el nivel de conciencia y promover valores éticos en la sociedad.

El odfelismo es más que una organización; es un compromiso con principios universales que buscan construir un mundo mejor, basado en el respeto, la verdad y el bien común. Su legado perdura a través de generaciones, inspirando a sus miembros a ser agentes de cambio positivo en sus comunidades y más allá.

El odfelismo en la República Dominicana, aunque introducido formalmente por el vice-cónsul norteamericano Henry Astwood en 1885 con la creación de la Logia “Flor del Ozama”, encontró su verdadero impulso y arraigo en el país gracias a la comunidad de inmigrantes cocolos.

Este grupo, originario de las islas del Caribe anglófono, no solo trajo consigo sus costumbres y lengua, sino también un fuerte sentido de organización y fraternidad que encontraron un eco perfecto en los principios del odfelismo.

La fundación de la Logia “Estrella Puertoplateña” en Puerto Plata el 17 de julio de 1889 fue uno de los primeros logros significativos de los cocolos en este ámbito.

Esta logia no solo representaba un espacio de encuentro para los cocolos residentes en la región, sino también un punto de apoyo para su integración en la sociedad dominicana, todo bajo los valores de amistad, amor y verdad promovidos por el odfelismo.

Con esta primera logia, los cocolos empezaron a dejar su huella en la historia del movimiento odfelo en el país.

La expansión del odfelismo continuó con la fundación de la Logia “Industria” en 1892 en San Pedro de Macorís, una ciudad que, para entonces, se estaba consolidando como un centro económico importante gracias a la industria azucarera.

Aquí, los cocolos encontraron un nuevo hogar, y con ellos, el odfelismo comenzó a tomar forma en un contexto industrial y comercial que facilitó la creación de redes de apoyo y colaboración entre sus miembros.

El esfuerzo y la dedicación de los cocolos al odfelismo alcanzaron su máxima expresión en 1908 con la fundación de la Logia “La Experiencia”, también en San Pedro de Macorís.

Esta logia, conocida popularmente como la “logia de los cocolos”, tenía la peculiaridad de aceptar únicamente a miembros de esta comunidad y realizar todas sus ceremonias en inglés, el idioma de sus miembros fundadores.

Esta particularidad no solo resaltaba la identidad cultural de los cocolos, sino que también les permitía mantener vivas sus tradiciones y su sentido de pertenencia, incluso en un entorno extranjero.

La Logia “La Experiencia” se convirtió en un bastión del odfelismo en la región, demostrando cómo la unión de identidad y fraternidad puede dar lugar a una comunidad fuerte y solidaria.

El aporte de los cocolos al odfelismo en la República Dominicana fue mucho más que la simple fundación de logias; ellos trajeron consigo una ética de trabajo, solidaridad y apoyo mutuo que resonó profundamente en las comunidades en las que se asentaron.

Su influencia en el odfelismo ayudó a consolidar el movimiento en sus primeras etapas y a expandirlo a otras regiones del país, creando una base sólida para su desarrollo futuro.

Estos esfuerzos contribuyeron a que el odfelismo se convirtiera en un movimiento no solo más robusto, sino también más diverso y adaptado a las realidades sociales y culturales de la República Dominicana.

En resumen, aunque el odfelismo fue introducido por un diplomático extranjero, su verdadero arraigo y expansión en la República Dominicana se debe en gran medida a la comunidad cocola.

A través de la fundación de logias como “Estrella Puertoplateña”, “Industria” y “La Experiencia”, los cocolos no solo fortalecieron el movimiento, sino que también dejaron un legado que sigue vivo en la historia del odfelismo dominicano.

                                                                                    

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