Cuando el amor se apaga en las mujeres
Por Dr. Ramón Antonio Gómez
SANTO DOMINGO.-
Saben… cuando una mujer se desenamora, no lo hace de manera abrupta ni estruendosa. Es un proceso silencioso, una marcha pausada que inicia mucho antes de que alguien se dé cuenta.
El desamor no surge de un momento aislado; es la acumulación de pequeños detalles que pasan desapercibidos: un olvido constante, una palabra hiriente, la falta de atención a lo que alguna vez fue importante.
Ellas soportan más de lo que parece. Cada decepción queda guardada en un rincón del alma, cada desaire se convierte en un pequeño ladrillo que construye un muro entre sus sentimientos y la relación. Y, mientras tanto, el hombre, a menudo confiado en que su presencia y el amor inicial son suficientes, no advierte que ese muro crece cada día.
A diferencia de los hombres, cuyo desamor puede manifestarse de forma evidente y hasta impulsiva, las mujeres lo viven con una fortaleza que a menudo se confunde con resignación. Pero no lo es. Es un proceso de transformación interna, donde el dolor se convierte en una decisión firme, aunque silenciosa, de no seguir adelante.
Es irónico cómo muchos hombres creen que nunca serán abandonados, que el amor de una mujer puede resistir cualquier cosa. Pero aquí está la verdad, amigo: una vez que el agua rebasa el límite, una vez que el corazón de una mujer se llena de desilusión, no hay vuelta atrás. Lo que se apaga dentro de ella no puede ser reencendido, por más que se intente.
El amor femenino, tan fuerte y generoso, es también frágil cuando no se cuida. No basta con gestos grandilocuentes o disculpas tardías; lo que sostiene el amor son los pequeños actos cotidianos, la atención constante, el respeto mutuo, y el esfuerzo por mantener viva la chispa.
Por eso, si amas a tu mujer, no dejes que la rutina, los errores o la indiferencia desgasten lo que construyeron juntos. No esperes a que el muro sea demasiado alto para intentar derribarlo.
Cuídala y enamórala cada día, no como un deber, sino como un privilegio. Porque cuando una mujer deja de amar, lo hace completamente, sin resentimientos, pero con una certeza inquebrantable de que su corazón ya no pertenece allí.
El desamor, aunque silencioso, es definitivo. Y una vez que ocurre, lo único que queda es el eco de lo que pudo ser y no fue, de lo que se descuidó cuando todavía podía salvarse.

