Lucifer, el convencido y arrepentido (3 de 3)
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO.-
En algún rincón del cosmos, donde lo divino y lo profano confluyen, Lucifer ha tomado una decisión inesperada: dejar de ser el eterno juez que castiga las acciones humanas de maldad.
Convencido de que los dioses y los demonios no son entes externos, sino realidades que habitan dentro de cada ser, su papel ahora es distinto. Su transformación nos invita a reflexionar sobre nuestra responsabilidad en la eterna batalla entre el bien y el mal.
En la narrativa milenaria, Lucifer ha sido el enemigo, el portador de la oscuridad que contrasta con la luz divina. Sin embargo, esta visión parece simplificar una verdad más profunda: somos nosotros quienes albergamos tanto a dioses como a demonios.
Es nuestra elección diaria decidir con cuál de ellos caminaremos. No es Lucifer quien nos tienta, ni Dios quien nos obliga. Somos nosotros quienes debemos cargar con las consecuencias de nuestras elecciones.
Hoy, el Lucifer se dedica a una tarea encomiable: castigar a quienes han traicionado los principios divinos y han dañado al prójimo. Más que el eterno adversario, se presenta como el maestro que enseña las lecciones más duras.
Su castigo ya no es un acto de maldad, sino una consecuencia justa para aquellos que han cometido errores graves contra la esencia de lo divino, que en última instancia es el amor, la justicia y la verdad.
Con esta nueva perspectiva, nos invita a mirarnos al espejo. ¿Con cuál de nuestras facetas convivimos más? ¿Somos dioses que construyen o demonios que destruyen?
La verdadera batalla entre el cielo y el infierno no ocurre en un plano lejano, sino en el corazón humano. Lucifer, convertido en juez justo, nos recuerda que el equilibrio depende de nosotros.
¿Estamos dispuestos a escuchar este mensaje? ¿A aceptar que el bien y el mal son elecciones y no imposiciones? Este Lucifer renovado no nos condena, sino que nos insta a actuar con sabiduría, porque cada acción tiene su consecuencia. Quizá, en su redención, encontremos la nuestra.

