Centrémonos en el desempeño de sus funciones, no en la vida privada
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO.-
En los últimos días, hemos sido testigos de una lamentable escalada en los ataques personales dirigidos hacia un ministro de la República, basados exclusivamente en su preferencia sexual.
Este tipo de ataques no solo son innecesarios, sino que también representan una falta de respeto hacia la dignidad humana y desvían la atención de lo que verdaderamente importa: el desempeño de ese funcionario en el cargo que ocupa.
Es preocupante observar cómo algunos comunicadores, en su afán de ganar notoriedad, recurren a temas personales para generar controversia y atraer público a sus plataformas.
Estas acciones no solo erosionan el respeto que debe prevalecer en el debate público, sino que también trivializan la importante función de los medios como garantes de la transparencia y la rendición de cuentas.
Un ministro, como cualquier servidor público, debe ser evaluado por su desempeño, su capacidad para gestionar los recursos a su cargo, y por los resultados tangibles de sus acciones en beneficio de la sociedad.
Cuestionar su gestión con base en hechos verificables y en críticas constructivas es no solo válido, sino necesario en una democracia. Sin embargo, enfocar la crítica en su vida privada es un acto de muy mal gusto que desvirtúa el propósito último del periodismo y de la opinión pública informada.
Vivimos en una sociedad que debe aspirar a ser cada vez más inclusiva y respetuosa. Permitir que la preferencia sexual de un funcionario se convierta en tema de discusión es retroceder en los avances logrados hacia la igualdad y la no discriminación.
Como ciudadanos, debemos exigir que el debate público se centre en los temas que verdaderamente impactan nuestras vidas, como la economía, la educación, la salud y la seguridad.
Sería recomendable que estos comunicadores y figuras de opinión reflexionen sobre el rol que desempeñan en la sociedad y reorienten sus esfuerzos hacia el análisis serio y responsable de la gestión pública.
Hacer denuncias sobre irregularidades, malos manejos o falta de transparencia en el ejercicio de un cargo es un deber ciudadano y profesional. No obstante, desviarse hacia temas personales no solo es contraproducente, sino que también envía un mensaje equivocado a las futuras generaciones sobre lo que debe ser el foco de la crítica y la opinión pública.
Es hora de elevar el nivel del debate público y recordar que el respeto hacia los demás, independientemente de sus preferencias o estilo de vida, es un principio fundamental para construir una sociedad más justa y equitativa.
Dejemos a un lado las trivialidades y enfoquémonos en lo que realmente importa: el bienestar de nuestro país y la calidad de quienes nos gobiernan.

