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Los rumores y la verdad en la política: “Un llamado a la responsabilidad periodística”

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO ESTE, RD.-

En el vertiginoso mundo de la política, donde las decisiones pueden cambiar el rumbo de una nación en cuestión de horas, los rumores suelen ser una constante que acompaña a los actores políticos.

Recientemente, un comunicador de renombre lanzó un bombazo informativo en círculos periodísticos: se decía que un diputado del municipio Santo Domingo Este estaba a punto de abandonar su partido. Sin embargo, como sucede con muchos rumores, la información carecía de un fundamento sólido, pareciendo más una especulación que un hecho verificable.

Como comunicador responsable, mi compromiso con la verdad y la precisión es inquebrantable. En un entorno donde la desinformación puede propagarse a la velocidad de un clic, mi deber es no solo informar, sino hacerlo con rigor. Así que decidí actuar de manera proactiva y contacté al propio diputado para verificar la veracidad de la noticia que circulaba.

Su respuesta fue contundente: «Cuando tome una decisión de esa naturaleza, usted será una de las primeras personas en saberlo». Esta declaración no solo desmintió el rumor, sino que subrayó la importancia de consultar a los protagonistas antes de aceptar como ciertas las versiones que corren por los pasillos.

La era digital ha traído consigo la democratización de la información, pero también ha generado un clima propicio para la propagación de rumores infundados. Las redes sociales y algunos medios de comunicación, en su afán por ser los primeros en informar, a menudo amplifican noticias no verificadas, contribuyendo a un entorno de confusión y desinformación. Es un fenómeno que, lamentablemente, se ha normalizado en nuestra sociedad.

La responsabilidad recae en nosotros, los comunicadores. La credibilidad es nuestro mayor activo, y esta se construye a través del rigor y la ética. Debemos tener claro que, si un diputado decide cambiar de partido, eso será completamente válido y su prerrogativa. Sin embargo, mientras esa decisión no se haga efectiva, no podemos dar crédito a rumores infundados, ya que ello solo genera incertidumbre y un clima de desconfianza en la ciudadanía.

La ética periodística nos impone una clara separación entre los hechos y las suposiciones. En este caso, la verdad ha prevalecido: el diputado permanece en su partido y, de decidir lo contrario en el futuro, lo comunicará de manera oficial. Este desenlace refuerza la idea de que, en política, como en la vida, la verdad siempre debe tener un lugar preeminente.

Al final del día, la responsabilidad de un comunicador no solo radica en informar, sino en hacerlo de manera justa y precisa. En tiempos donde la verdad parece ser un bien escaso, es vital que recordemos que nuestro papel es ser guardianes de la información veraz.

Solo así podremos contribuir a una sociedad mejor informada, donde los ciudadanos tengan las herramientas necesarias para formarse una opinión fundamentada. En la balanza de la política, la verdad siempre se impondrá sobre el rumor, y es nuestro deber asegurarnos de que así sea.

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