Bienvenidos al circo con los animales de la selva
Por Juan Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
En lo profundo de la selva, donde la justicia debería rugir tan fuerte como el trueno y ser tan equilibrada como el vuelo del águila, se ha instalado un espectáculo bochornoso. Algunos lo llaman tribunal, otros simplemente lo llaman circo.
En años pasados, los ecos de la selva retumbaron con denuncias claras y documentadas sobre los terrenos sagrados, vendidos sin pudor por el vistoso pavo real. Las pruebas estaban ahí, como huellas frescas en el barro tras la lluvia.
Sin embargo, el león mudo aquel que se jactaba de ser guardián del orden no emitió ni un rugido, ni una advertencia, ni siquiera una tímida amonestación. El silencio fue su única respuesta, y la impunidad, su legado.
Pero ahora, con bríos renovados y sed de espectáculo, la misma justicia que dormía ante el plumaje del pavo real ha despertado con furia contra el león de ojos azules.
Su comportamiento, criticado por dos grandes selvas, ha sido motivo suficiente dicen para pedir su expulsión inmediata. ¿Y el pavo real? Aquel que hizo negocios con lo que era sagrado y común, ¿sigue danzando entre ramas doradas, sin una sola pluma fuera de lugar?
Esto, más que justicia, parece un acto mal ensayado en la carpa de un circo decadente, donde la balanza siempre se inclina hacia donde conviene a los domadores de turno.
Es momento de que cada borrego de la selva a veces dormido, a veces distraído saque sus propias conclusiones. Porque si la justicia tiene ojos para unos y venda para otros, entonces no estamos en una selva justa, sino en un espectáculo donde la verdad es la primera que desaparece.
Bienvenidos, hermanos, al gran circo de la selva.

