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La caída del techo en Jet Set y las llamas de la negligencia

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

En la reciente tragedia ocurrida en la discoteca Jet Set, donde la caída del techo ha estremecido a la sociedad, no solo debemos lamentar las pérdidas materiales, sino encender una alerta sobre la negligencia que aún arde, silenciosa, entre los escombros.

He dedicado tiempo a investigar los procedimientos que rigen la construcción de edificaciones en nuestro país. Uno de los primeros pasos en cualquier obra legal es la intervención de la Dirección de Obras de la municipalidad correspondiente.

Esta entidad no solo autoriza los permisos de edificación, sino que está obligada a fiscalizar que la construcción se lleve a cabo conforme a las normativas vigentes. Es decir, no basta con que un edificio se levante; debe levantarse bien, con respeto a los estándares estructurales, de seguridad y de uso que se exigen por ley.

Ahora bien, cuando una edificación ya construida sufre un siniestro como un incendio, las exigencias cambian, pero no desaparecen. Todo espacio afectado por el fuego debe ser evaluado antes de permitir su reocupación.

No se puede continuar como si nada hubiera pasado. El calor extremo puede debilitar el acero estructural y comprometer la resistencia de las losas. Es vital conocer cuánta carga puede soportar una estructura, por metro cuadrado, luego de haber sido alcanzada por el fuego.

En el caso de Jet Set, la caída del techo no fue una tragedia inevitable ni un acto de la naturaleza. Fue, más bien, el resultado de un descuido compartido entre los dueños del establecimiento y las autoridades encargadas de velar por la seguridad de todos.

El deber de garantizar que el inmueble estuviera apto para su uso no se cumplió con la rigurosidad debida. ¿Se hizo una inspección estructural seria después del incendio? ¿Se exigieron los informes de resistencia del acero y del concreto? ¿Alguien validó que las condiciones del techo no ponían en peligro la vida de quienes allí asistían?

Las respuestas, si existen, están llenas de silencio. Y el silencio, en estos casos, también mata.

La ciudadanía merece más que comunicados de condolencias. Merece transparencia, consecuencias y un compromiso real con la vida. No puede ser que, en pleno siglo XXI, sigamos lamentando tragedias que pudieron evitarse si se hubiese cumplido con lo que manda la ley.

Ojalá este lamentable hecho sirva como punto de inflexión para revisar todas las edificaciones de uso masivo que han sido afectadas por incendios, y que se exija el cumplimiento estricto de las normas de seguridad. Que no se repita, que no tengamos que escribir más editoriales como este, después de que las llamas se apaguen pero los errores sigan vivos.

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