NacionalesOpinión

A propósito de Peña Gómez: una encrucijada histórica que marcó el destino dominicano

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

Cada año, al llegar la fecha del fallecimiento de José Francisco Peña Gómez, la memoria colectiva de la nación se sacude. No solo por el vacío que dejó su partida, sino también por las decisiones cruciales que tomó en vida, las cuales marcaron, para bien, el rumbo político de la República Dominicana.

Uno de esos momentos definitorios ocurrió en 1990, como bien nos recuerda Juan José Encarnación en su libro “Soldado de la Democracia”. Aquel fue el año de la gran fractura entre Peña Gómez y Jacobo Majluta, una división que no solo desgarró al Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

Esta lucha de tendencia debilitó fatalmente su capacidad de enfrentar con éxito las elecciones de ese año. Majluta, al negarse a apoyar a Peña Gómez como candidato presidencial, allanó el camino a la derrota de su propio partido.

Pero el dato que pocos recuerdan y que la historia guarda en sus márgenes es que Peña Gómez, en un acto de madurez política y sentido de urgencia nacional, le ofreció su respaldo a Juan Bosch. Una decisión que cerró la posibilidad de unir a las grandes corrientes progresistas del país en un solo frente contra el continuismo y la manipulación electoral.

Una alianza entre el PRD y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en aquel entonces pudo haber cambiado el curso de nuestra historia democrática. Sin embargo, Bosch firme en su visión y quizás desconfiado por heridas pasadas declinó la oferta.

El rechazo de Bosch no fue solo una negativa. Fue una puerta que se cerró ante la posibilidad de un pacto histórico entre dos gigantes de la política dominicana. Lo que siguió fue una polarización que definió la década: Joaquín Balaguer, viejo zorro de la política y símbolo del conservadurismo, frente a un nacionalismo dividido entre Bosch y Peña, cada uno con su propio sueño de nación, pero sin el puente que los uniera.

Aquel momento nos recuerda lo mucho que el ego, la desconfianza y las heridas del pasado pueden costar a un pueblo. ¿Qué habría pasado si Juan Bosch hubiese aceptado la propuesta de Peña Gómez? ¿Cómo sería hoy la República Dominicana si en 1990 hubiese nacido un frente común progresista? Nunca lo sabremos con certeza, pero lo que sí está claro es que la historia se construye no solo con ideales, sino con valentía para abrazar lo impensable.

Hoy, al recordar a Peña Gómez, también debemos recordar las lecciones que nos dejó: que la unidad vale más que el orgullo, que el sacrificio político es a veces la única vía hacia la transformación real, y que las oportunidades perdidas pueden pesar sobre varias generaciones.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *