Faride Raful rompe el silencio: La verdad frente al lodo
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
En un país donde la difamación digital ha dejado de ser una excepción para convertirse en herramienta de guerra política, la Ministra de Interior y Policía, Faride Raful ha decidido romper el silencio. Lo ha hecho no con gritos, ni con acusaciones sin fundamento, sino con un mensaje firme, humano y profundamente valiente.
Su voz, cargada de verdad y serenidad, denuncia lo que ella define como una «campaña sistemática de descrédito», una ofensiva que ha escalado niveles inaceptables. Y no se trata solo de críticas a su gestión, sino de ataques diseñados para destruir lo más sagrado: su vida personal, su familia, su dignidad como mujer, madre y ciudadana.
Faride ha dicho lo que muchas figuras públicas temen expresar: «Esto no es un juego». Lo que enfrentamos como sociedad es grave. Se está usando la tecnología más perversa para fabricar rumores, videos manipulados y narrativas falsas. Y lo que le ocurre a ella podría tocarle mañana a cualquiera: a un profesor, a un joven con liderazgo, a cualquier mujer que alce la voz o piense diferente.
Su mensaje, lejos de la victimización, es una declaración de principios. Habla como hija, madre y ciudadana, y deja claro que nunca ha vivido con doble moral. Afirma que su vida pública y privada han estado marcadas por la transparencia y la coherencia. “Nunca me he apuntado al juego de decir lo que no pienso”, sentencia.
Con esa claridad, anuncia también una respuesta concreta: ha instruido a sus abogados a iniciar acciones legales contra quienes han participado en esta campaña infame. Porque, como dice ella, “toda mentira tiene fecha de vencimiento”, y no se puede permitir que el miedo a una falsedad nos silencie.
En este momento, Faride no solo defiende su nombre; está planteando una causa colectiva. Una lucha por un país donde nadie deba vivir bajo la sombra de la calumnia. Donde la justicia alcance también a quienes destruyen reputaciones desde la oscuridad de un teclado.
Su discurso interpela a todos: ¿Qué sociedad estamos construyendo si normalizamos el descrédito como estrategia política? ¿Qué país estamos dejando si el click tiene más poder que la verdad?
Raful ha puesto el tema en el centro del debate nacional. Y lo ha hecho con dignidad, con altura y con la verdad como estandarte. No todos pueden decir lo mismo.
Hoy, más que nunca, su testimonio nos obliga a actuar como ciudadanos responsables. Porque como bien dijo: «Debemos cuidar lo más claro que tenemos: nuestra reputación, nuestra verdad y nuestra paz».

