(9 de 20) La impronta histórica de Bosch y Peña Gómez ante el retorno de Caamaño
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
En los días convulsos de 1973, la República Dominicana se encontraba ante un dilema político y moral de enormes proporciones. El líder del Partido de la Liberación Dominicana, Juan Bosch, abogaba por una táctica basada en la legalidad, apostando por conducir al país y a sus instituciones hacia un orden democrático sólido y sin sobresaltos violentos. Para Bosch, el camino de la legalidad no era simplemente una estrategia: era una convicción.
Ese empeño, sin embargo, encontró una prueba difícil con el sorpresivo retorno del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó al país, procedente de Cuba, y con intenciones claramente insurreccionales. Caamaño, héroe de la Revolución de Abril de 1965 y símbolo de la resistencia contra la intervención extranjera, regresaba a la patria con la idea de reavivar una lucha armada desde las montañas del sur.
Ante este hecho, el doctor Bosch optó por negar públicamente la presencia de Caamaño en el país. No por ignorancia, sino como táctica: su propósito era evitar un baño de sangre entre dominicanos. Sabía que la sola mención de Caamaño podía servir de excusa para una represión feroz por parte del gobierno de Balaguer. El silencio, en este caso, era un acto de contención patriótica.
Del otro lado, el doctor José Francisco Peña Gómez, líder ascendente del Partido Revolucionario Dominicano, tuvo una postura diferente. Reconocía que Caamaño estaba en el país, así lo expresó en una carta enviada al periódico Listín Diario, pero se desmarcaba de cualquier compromiso político o militar con él. Para Peña, la llegada de Caamaño requería una pausa táctica, una reconsideración de la estrategia del PRD, que hasta ese momento apostaba también por la vía legalista. No se trataba de apoyar la vía armada, sino de no ignorar la nueva realidad.
Ambas posturas, aunque aparentemente divergentes, coincidían en un punto esencial: el deseo de proteger al pueblo dominicano. Bosch, con su silencio calculado, buscaba evitar la violencia. Peña, con su franqueza, también buscaba preservar la institucionalidad, al tiempo que dejaba claro que el PRD no sería arrastrado por una lógica de guerra.
Estas consideraciones de dos de los más grandes líderes dominicanos del siglo XX deben verse hoy con la perspectiva que da la historia. Fueron momentos en que las decisiones no solo respondían a cálculos políticos, sino al profundo sentido de responsabilidad ante la nación. En sus diferencias, ambos proyectaron el mismo sentimiento: proteger la vida de los dominicanos y evitar que una nueva guerra se sumara a las heridas abiertas de años anteriores.
Estas informaciones y reflexiones están extraídas del libro Soldados de la Democracia, escrito por el abogado y politólogo Juan José Encarnación, quien nos brinda una mirada lúcida sobre la complejidad de ese momento histórico y el temple de los protagonistas que lo enfrentaron. A través de su obra, Encarnación nos recuerda que la política, cuando es ejercida con visión de Estado, puede evitar catástrofes, incluso desde posiciones aparentemente contradictorias.
Hoy, medio siglo después, esa impronta histórica nos recuerda que la política, cuando se hace con sentido ético y visión de país, puede ser un acto de valentía silenciosa o una verdad dicha a tiempo. Bosch y Peña, cada uno desde su trinchera, evitaron que el país se precipitara hacia un nuevo abismo. Y eso los honra, más allá de cualquier diferencia partidaria.

