Reflexión sobre el panorama político municipal en SDE.-
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Recientemente, un amigo me planteó una inquietud que resonó en mi interior: “¿Por qué usted habla tan poco de los políticos y de los temas municipales, y sin embargo siempre está hablando de temas históricos?” Esta pregunta me llevó a una profunda reflexión que deseo compartir con todos ustedes, ya que el contexto actual de Santo Domingo Este invita a analizar la política desde una perspectiva más crítica y objetiva.
La historia, a menudo, nos ofrece las herramientas necesarias para comprender el presente. Nos ayuda a desentrañar patrones, a identificar errores del pasado y, en última instancia, a proyectar posibles futuros.
Al hablar de política municipal, mi objetivo siempre ha sido mantener un enfoque objetivo, alejándome de las pasiones que a menudo nublan el juicio. Sin embargo, el panorama político actual me impulsa a romper ese silencio y a explorar en mayor profundidad los desafíos que enfrentan nuestros líderes locales.
En primer lugar, es importante destacar la situación de los partidos de oposición. La Fuerza del Pueblo, un partido que ha emergido con fuerza en los últimos tiempos, enfrenta una debilidad estructural que limita su capacidad de competir eficazmente.
A pesar de que el diputado Rafael Castillo se ha consolidado como una figura respetable y con presencia, los conflictos internos han fragmentado sus esfuerzos. La falta de cohesión en torno a un liderazgo unificado no solo les resta fuerza, sino que también aleja a potenciales votantes que buscan una alternativa sólida y confiable.
Por otro lado, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se encuentra en una encrucijada crítica. La salida de Leonel Fernández ha dejado una huella profunda en la estructura del partido, generando una sensación de desdibujamiento. Luis Alberto Tejeda, su candidato más visible, ha adoptado una estrategia de bajo perfil que, si bien puede ser vista como prudente, también puede interpretarse como una desconexión con las inquietudes de la ciudadanía.
En un entorno político donde la comunicación y la conexión con el electorado son cruciales, este silencio podría ser perjudicial. Además, la falta de cohesión y dirección en su equipo de campaña sugiere que los asesores están más concentrados en sus propios proyectos que en el colectivo, lo que refleja una falta de unidad que podría costarles caro en las urnas.
En contraste, el partido oficialista, el PRM, presenta un panorama diferente. La gestión del alcalde Dío Astacio ha demostrado estabilidad y una política de unidad que parece dar frutos. Su habilidad para establecer puentes, tanto dentro de su partido como hacia la oposición, refleja una estrategia calculada que prioriza la suma sobre la confrontación.
En un contexto donde la polarización política es la norma, su enfoque conciliador le permite avanzar y consolidar su posición. La colaboración que ha logrado con los regidores de oposición es un testimonio de su capacidad para gestionar y articular intereses diversos.
Esta dinámica nos lleva a preguntarnos: ¿Por qué hablar de política municipal es tan complicado? La respuesta puede estar en la observación de que, más allá de las palabras, lo que verdaderamente importa son las acciones y los resultados.
En este sentido, la historia nos enseña que los ciclos políticos se repiten, y que las decisiones tomadas hoy tendrán un impacto en el futuro. Si el panorama actual se mantiene, es probable que la historia nos ofrezca un desenlace predecible, donde la falta de unidad y liderazgo en la oposición podría facilitar el camino para la continuidad del PRM.
Por lo tanto, al considerar estas reflexiones, es vital recordar que la política no es solo cuestión de discursos y promesas, sino de acciones concretas y efectivas. La historia, como siempre, se encargará de escribir el desenlace de esta narrativa política. Estemos atentos, pues el futuro está en juego, y cada decisión cuenta en la construcción de un Santo Domingo Este más fuerte y cohesionado.

