(10 de 20) Tribuna Democrática: El escenario radial donde Encarnación forjó su voz política
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Hay nombres y espacios que no pueden contarse sin la fuerza de su tiempo. En los albores de una República Dominicana convulsionada por sueños de cambio y urgencias democráticas, surgió un espacio que, desde la radio, se convirtió en una verdadera cátedra de conciencia política: Tribuna Democrática.
Fue allí donde Encarnación dio sus primeros pasos en la vida pública. Ingresó con el anhelo genuino de ganarse un espacio en el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), y no lo hizo solo: lo hizo de la mano de líderes históricos como el doctor José Francisco Peña Gómez y Hatuey De Camps, quienes no solo le abrieron las puertas, sino que también reconocieron su firme deseo de servir y de ser parte de ese torrente humano que luchaba por una patria mejor.
Sus primeros compañeros de micrófono fueron Many Espinal y Fulgencio Espinal, dos nombres que marcaron la línea editorial inicial del programa. Más adelante se sumó Nelson Sánchez, y con él, otro gigante que merece mención especial: Plinio Vargas Matos, líder, amigo de Roberto Veras y una de las voces más firmes de la Revolución de Abril de 1965. Su sola presencia en el elenco era sinónimo de credibilidad, coherencia y compromiso.
No se puede hablar de Tribuna Democrática sin evocar al poeta de la palabra rebelde, Tony Raful, quien asumió la dirección del espacio en 1976, dándole un giro profundo y reflexivo, conjugando poesía con política, y verdad con denuncia, tambien pertenecian a este conjunto de comunicadores: Milqueya Corporán, Sebastian del Pilar y Magalys Santana entre otros.
Desde su transmisión por Radio Comercial, a partir de la 1:30 de la tarde, Tribuna Democrática se convirtió en un verdadero toque de queda. No por el miedo, sino por el magnetismo. La gente paraba lo que hacía para escuchar aquellas voces que hablaban con pasión, con altura, con una visión clara de país. Era el micrófono convertido en tribuna, y la palabra hecha bandera.
Encarnación no fue un espectador pasivo de ese proceso. Fue protagonista. Aprendió, debatió, defendió ideas y se ganó el respeto de sus compañeros y de la audiencia. En una época donde disentir era arriesgar, él optó por el camino de las convicciones. Su paso por Tribuna Democrática no solo fortaleció su liderazgo, sino que le permitió comprender el peso de la palabra en la formación de la conciencia ciudadana.
Hoy, cuando muchos espacios se pierden en el ruido de lo banal, recordar a Tribuna Democrática y a hombres como Encarnación, es hacer justicia a una generación que entendió que la radio podía ser más que entretenimiento: podía ser trinchera de ideas y motor de cambios.
Porque la democracia se construye también desde la voz, desde el verbo comprometido, y Tribuna Democrática fue, sin duda, uno de los templos donde esa palabra se volvió historia.

