(XIII de XX) “Un paso al frente”: la voz ética y crítica de Arlette Fernández
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
A través de su columna “Un paso al frente”, publicada en el medio digital Acento, Arlette Fernández encontró un espacio para convertir la palabra escrita en una herramienta de conciencia colectiva. Desde allí compartía con rigor y compromiso sus investigaciones, reflexiones y preocupaciones sobre la realidad nacional. Su pluma no era distante ni fría; al contrario, mantenía un tono cercano que invitaba a la ciudadanía a mirar de frente los desafíos del país y a asumirlos como una responsabilidad compartida.
En cada entrega, Arlette entrelazaba el análisis histórico con la ética cívica, logrando un equilibrio entre la memoria del pasado y los retos del presente. No se limitaba a exponer hechos, sino que los contextualizaba con profundidad para que el lector entendiera las raíces de los problemas actuales. Así, transformaba los acontecimientos históricos en lecciones vivas, dotadas de sentido para el momento contemporáneo.
Su columna era también un ejercicio constante de pedagogía social. Con un lenguaje claro y reflexivo, convertía conceptos complejos en mensajes comprensibles para un público amplio y diverso. Profesores, estudiantes, trabajadores y líderes comunitarios encontraban en sus escritos una guía para interpretar la realidad nacional y, sobre todo, para reconocer su papel en la transformación social.
Arlette entendía la escritura como un acto de responsabilidad. Cada palabra que publicaba llevaba la intención de despertar la conciencia cívica y de sembrar en sus lectores la necesidad de actuar con integridad y compromiso con la democracia. No concebía la historia como algo distante, sino como una fuerza viva que debía inspirar a las nuevas generaciones en la construcción de un país más justo.
El impacto de “Un paso al frente” trascendía lo periodístico. Era un espacio de resistencia ética frente a la indiferencia, un llamado a no acostumbrarse a la injusticia ni a las desigualdades. Su voz, firme y serena a la vez, buscaba romper el silencio de la pasividad ciudadana, recordando que el verdadero progreso solo se logra con participación activa y consciente.
Cada artículo era un puente entre la memoria y la acción. Arlette mostraba que recordar y analizar no era suficiente si no se traducía en compromisos concretos con la sociedad. De ahí que sus textos tuvieran un tono inspirador, casi de convocatoria, impulsando a sus lectores a convertirse en agentes de cambio dentro de sus comunidades.
En definitiva, la columna de Arlette Fernández no era solo un espacio de opinión, sino un laboratorio de ciudadanía activa. Sus reflexiones trascendieron el papel y la pantalla para instalarse en la conciencia de quienes la leían. Con “Un paso al frente”, Arlette dejó un legado de pensamiento crítico y compromiso ético que continúa iluminando el camino hacia una República Dominicana más justa y solidaria.

