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La tercera guerra mundial ya empezó,  la tecnología entierra tanques, humilla a Rusia y redefine el poder global

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

La tarde de este lunes estuve compartiendo un café con el amigo Juan José Encarnación, abogado, politólogo y analista de geopolítica, con quien sostuve una conversación profunda sobre el panorama internacional actual. En ese intercambio coincidimos en que el mundo ha entrado en una especie de tercera guerra mundial, distinta a las anteriores, más silenciosa en algunos frentes, pero igual o más determinante para el futuro de las naciones.

Juan José planteó que esta nueva guerra mundial no se definirá por la cantidad de tanques, soldados o bombas nucleares que tenga un país. A diferencia de los conflictos del siglo XX, hoy el factor decisivo no es el músculo militar tradicional, sino la capacidad tecnológica, la inteligencia estratégica y el dominio de los sistemas modernos de guerra.

En ese contexto, analizamos el caso de Rusia, una nación que durante años se proyectó como la segunda potencia militar del mundo. Sin embargo, la realidad del conflicto con Ucrania ha demostrado que Rusia se ha quedado rezagada tecnológicamente, operando con esquemas propios del siglo XX frente a un enemigo que ha sabido adaptarse a las nuevas formas de combate del siglo XXI.

Ucrania, a pesar de sus limitaciones económicas y estructurales, ha logrado mantenerse y avanzar en el conflicto gracias al uso inteligente de la tecnología. El empleo de drones, sistemas de información, inteligencia en tiempo real y apoyo tecnológico de sus aliados ha cambiado por completo el equilibrio de fuerzas en el terreno.

Según el análisis de Juan José Encarnación, Vladimir Putin, aun contando con un vasto arsenal militar, ha perdido prácticamente la guerra en términos estratégicos. La incapacidad de lograr una victoria rápida y contundente ha desgastado no solo a su ejército, sino también a la imagen de Rusia como potencia global.

Este desgaste no se limita al ámbito militar. El propio pueblo ruso comienza a manifestar su descontento, ya que los servicios básicos escasean cada vez más como consecuencia de una guerra prolongada y costosa que no muestra señales claras de concluir. La presión económica interna se suma así a la presión internacional.

Rusia, además, enfrenta serias limitaciones para sostener indefinidamente un conflicto de esta magnitud. Las sanciones, el aislamiento y la falta de recursos suficientes han reducido su capacidad de maniobra, mientras el costo humano y material sigue aumentando sin resultados claros a su favor.

En contraste, Ucrania continúa resistiendo y ganando terreno estratégico gracias al uso de tecnología avanzada. Los drones se han convertido en un arma clave, no solo para el ataque, sino también para la vigilancia, la recopilación de información y la neutralización precisa de objetivos de alto valor.

Durante la conversación también abordamos la postura de Estados Unidos, que desde las más altas instancias ha dejado claro que no tolerará ningún “anillo”, por más duro que sea, en referencia a intentos de cercar o desestabilizar el orden estratégico global mediante la fuerza tradicional.

Finalmente, Juan José comentó, con su estilo directo, que los generales rusos están “más chivos que una guinea tuerta”, ya que se han convertido en blancos vulnerables de la guerra tecnológica. Según su análisis, están siendo neutralizados uno a uno, no por grandes batallas campales, sino por la precisión letal de una tecnología que ha cambiado para siempre la forma de hacer la guerra.

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