Venezuela como advertencia para los gobiernos del mundo
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Lo ocurrido en Venezuela debe servir como un espejo claro y contundente para los gobernantes de otros países que aún creen que pueden administrar el poder dándole la espalda a su pueblo. Cuando las decisiones políticas se toman sin escuchar a la ciudadanía, el resultado inevitable es el desgaste institucional, la pérdida de legitimidad y el aislamiento internacional.
La experiencia venezolana demuestra que ningún proyecto político puede sostenerse a largo plazo si ignora las necesidades reales de la gente. El autoritarismo, venga de donde venga, termina asfixiando la economía, debilitando la democracia y provocando una profunda fractura social que luego resulta muy difícil de sanar.
Tanto las dictaduras de izquierda como las de derecha han probado ser igual de dañinas cuando se colocan por encima de la ley y de las normas básicas de convivencia. No es la ideología lo que destruye a las naciones, sino el uso abusivo del poder, la represión y el desconocimiento de la voluntad popular.
Para que exista una sana convivencia, los gobiernos deben regirse por normativas claras, respetar la separación de poderes y garantizar elecciones libres y transparentes. Cuando estas reglas se rompen, se abre la puerta al caos, la corrupción y la desconfianza generalizada en las instituciones del Estado.
En ese contexto, los mensajes que se envían desde las grandes potencias no siempre son directos, pero sí cargados de intención. Las declaraciones y posturas de Donald Trump pueden interpretarse como advertencias entre líneas sobre lo que ocurre cuando un gobierno pierde el respaldo de su pueblo y de la comunidad internacional.
Venezuela no es un caso aislado, sino un ejemplo que resuena más allá de sus fronteras. Países como Cuba también sienten el peso de estas señales, pues durante décadas han mantenido un modelo político cerrado que limita las libertades y controla de manera estricta la vida social y económica.
Incluso territorios y países con realidades distintas, como Groenlandia, México y Colombia, reciben estos mensajes de forma indirecta. Se trata de recordatorios sobre la importancia de la estabilidad política, el respeto a la institucionalidad y la necesidad de gobernar con responsabilidad y apego a la ley.
En el caso de México y Colombia, donde existen sistemas democráticos formales, el llamado es a no repetir errores que conduzcan al autoritarismo o al debilitamiento del Estado de derecho. La democracia no solo se proclama, también se practica con hechos concretos y coherentes.
Para los gobernantes del mundo, la lección es clara: ignorar al pueblo tiene consecuencias. Las crisis políticas, económicas y sociales no surgen de la noche a la mañana, sino como resultado de años de decisiones equivocadas y de una desconexión profunda con la realidad ciudadana.
En definitiva, Venezuela debe ser vista como una advertencia y no como un destino inevitable. Si los gobiernos actúan con transparencia, respeto a las normas y compromiso con su gente, podrán evitar caer en escenarios de confrontación, aislamiento y sufrimiento que hoy afectan a millones de venezolanos.

