Dominicanos en el exterior, entre el sacrificio económico, el abandono político y el desafío de reconectar con la diáspora
Por Juan José Encarnación Soto
Nueva York, EEUU.-
El dominicano en el exterior que cuenta con un puesto de trabajo oficial está atravesando uno de sus momentos más difíciles en los últimos años. Incluso muchos han visto reducidos sus salarios de manera significativa, lo que ha impactado directamente en su calidad de vida y en su disposición para participar en actividades políticas o comunitarias.
Hoy en día, para lograr que la gente asista a reuniones o encuentros partidarios, se hace necesario ofrecer algún tipo de compartir, lo que evidencia el nivel de sacrificio económico que enfrentan. Esta realidad debe llamar seriamente la atención de las autoridades, porque de lo contrario se corre el riesgo de desconectarse de una base electoral clave y, eventualmente, entregar el poder por falta de empatía y acción oportuna.
Resulta urgente realizar un estudio serio y profundo sobre la situación de los dominicanos que residen en Nueva York, especialmente aquellos que forman parte de las estructuras políticas de todos los partidos. Muchos dirigentes y militantes se sienten verdaderamente abandonados, y esa percepción no es producto de exageraciones, sino de una experiencia cotidiana marcada por la falta de acompañamiento. En este contexto, se entiende que la precampaña y la campaña que se avecinan deben replantearse, ajustándose a las realidades específicas de la diáspora, y no limitarse a discursos generales que no conectan con las necesidades reales de la gente.
Uno de los problemas más evidentes es la falta de dinamismo, empatía y ensamblaje entre algunos precandidatos y las bases partidarias en el exterior. Aunque se mencionan dos o tres nombres de aspirantes, su presencia es tímida y carece del calor humano que necesita una militancia que vive en condiciones adversas, incluso enfrentando el rigor del frío y la dureza del trabajo diario. Existe una percepción de cobardía política, de no atreverse a bajar a la base, a escuchar y a sentir el pulso real de quienes simpatizan y sostienen los partidos desde fuera del país.
En particular, se han recibido numerosas quejas relacionadas con el PRM, las cuales han sido comprobadas personalmente. Se señala que muchos dirigentes no han logrado conectarse con la masa, ni entender que no se trata solo de estructuras, sino de personas con problemas concretos. Conversaciones sostenidas con figuras reconocidas ícono del perredeísmo y ahora vinculado a nuevas corrientes políticas, y otros dirigentes, confirman que la situación es crítica y que cada vez resulta más difícil convocar a las zonas de Manhattan Sur y Manhattan Norte.
Incluso las reuniones que se realizan en los locales del PRM enfrentan serias limitaciones de asistencia, razón por la cual se ven obligados a “inventarse” algún tipo de compartir para motivar la presencia de los compañeros. Esta práctica, aunque comprensible, refleja una falta de planificación política real y una desconexión con las prioridades de la gente. Muchos dominicanos que llegan a estas actividades lo hacen con una expectativa clara: pedir ayuda para conservar su empleo, mejorar su pensión o resolver problemas en instituciones donde, en algunos casos, les han reducido el salario hasta en un 50%, dejando a familias enteras en una situación de vulnerabilidad.
Vivir en el exterior no es fácil, y menos aún en lo que muchos definen como un verdadero exilio económico. Quienes tienen aquí el 98 % de su familia padres, hermanos, hijos saben lo que significa estar lejos de la tierra que aman y adoran. No obstante, es justo reconocer que, aun en medio de estas dificultades, el actual gobierno del presidente Luis Abinader ha realizado un esfuerzo significativo en favor de los dominicanos en el exterior.
La instalación y ampliación de servicios públicos como: Banco de Reserva, JCE entre otras entidades, ubicada en distintos países ha permitido que muchos ciudadanos puedan realizar diligencias oficiales sin tener que incurrir en costosos viajes a la República Dominicana. Este avance ha sido bien valorado por la diáspora, que reconoce el impacto positivo de estas medidas en su economía y en su tiempo. Los dominicanos en el exterior saben distinguir cuando se gobierna con visión y cercanía, y aunque persisten retos importantes, este esfuerzo del gobierno de Abinader es visto como un paso correcto y necesario en la atención a una comunidad que aporta de manera decisiva al desarrollo del país.

