¡Abinader marca la raya! Discurso firme contra la arrogancia y advertencia directa a sus funcionarios
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO ESTE, RD.-
Los analistas políticos Roberto Veras, Manuel Rojas y Juan José Encarnación coincidieron en valorar de manera positiva el más reciente discurso del presidente Luis Abinader, asegurando que fue una pieza oratoria sin desperdicios. A su juicio, el mandatario no solo habló como jefe de Estado, sino también como líder político consciente del momento histórico que vive la nación y del compromiso asumido ante la ciudadanía.
Según los comentaristas, el mensaje presidencial estuvo cargado de señales claras hacia lo interno del gobierno. Interpretan que el presidente envió una advertencia directa a sus funcionarios: el ejercicio del poder debe estar acompañado de humildad, cercanía y un trato afable, especialmente con la militancia del Partido Revolucionario Moderno, organización que hizo posible su llegada al poder.
Para Roberto Veras, el discurso marca una línea de conducta que debe asumirse como norma dentro de la administración pública. Señaló que la arrogancia y el distanciamiento entre funcionarios y bases partidarias han sido errores recurrentes en otros gobiernos, y que el presidente parece decidido a evitar que esa desconexión se repita en la actual gestión.
De igual manera, Manuel Rojas consideró que el llamado a la humildad no es solo un consejo moral, sino una estrategia política. En su análisis, un gobierno que escucha, que mantiene puertas abiertas y que respeta tanto a su militancia como a la población en general, fortalece su legitimidad y construye confianza, elementos claves para la estabilidad democrática.
Por su parte, Juan José Encarnación subrayó que el discurso también tuvo un mensaje contundente hacia la sociedad dominicana. Destacó que el presidente dejó claro que no se debe permitir el retorno de prácticas marcadas por la arrogancia y la prepotencia, actitudes que en el pasado generaron rechazo y descontento en amplios sectores del país.
En conjunto, los tres analistas coinciden en que la alocución presidencial fija una postura ética y política: gobernar con humildad, cercanía y respeto. Entienden que el mandatario ha trazado una ruta clara tanto para sus colaboradores como para la ciudadanía, enviando la señal de que el poder no debe ser instrumento de soberbia, sino herramienta de servicio.

