El periodismo frente a la verdad “Entre la ética, la Independencia y los conflictos internos”
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Las reflexiones del reputado escritor, poeta, economista e historiador Miguel Solano invitan a una profunda introspección sobre el ejercicio del periodismo en la actualidad. Cuando afirma que “no se escribe para satisfacer simples cumplidos”, deja claro que la verdadera labor periodística no debe estar orientada a agradar, sino a informar con responsabilidad, verdad y compromiso social.
Asimismo, su señalamiento de que existen periodistas que “corrompen” la noticia resulta una crítica directa a prácticas que distorsionan la realidad. En lugar de servir como canal de información veraz, algunos convierten la noticia en un instrumento de intereses particulares, debilitando la confianza del público y afectando el rol esencial de los medios en la sociedad.
Solano también plantea una idea contundente: el periodista que aspira a realizar un trabajo memorable debe aprender a trabajar solo, sin aliados. Esta afirmación resalta la importancia de la independencia en el ejercicio periodístico, ya que los vínculos y compromisos pueden condicionar la objetividad, llevando a la manipulación o al silenciamiento de informaciones relevantes.
En ese sentido, la realidad de la República Dominicana refleja un desafío importante. Existe una necesidad latente de medios verdaderamente libres, capaces de actuar sin presiones ni ataduras. Aunque es justo reconocer que aún hay periodistas que ejercen con ética y dignidad, también es evidente que el sistema mediático enfrenta cuestionamientos sobre su independencia.
Otro aspecto relevante abordado por Solano es la relación entre ideología y periodismo. Señala que sería absurdo pretender que un medio carezca de ideología, pues incluso las herramientas tecnológicas poseen sesgos. Sin embargo, advierte que las creencias personales no deben convertirse en un obstáculo para denunciar hechos incorrectos, incluso cuando provienen de sectores afines.
El ejemplo que menciona sobre la religión es particularmente ilustrativo: ser cristiano no puede justificar el encubrimiento de las barbaridades dentro de las iglesias. Este planteamiento refuerza la idea de que la ética debe estar por encima de cualquier afiliación, creencia o interés personal.
No obstante, hay una dimensión aún más compleja y silenciosa dentro del ejercicio periodístico: la del profesional ético que, sin haber sido sobornado, decide ocultar la verdad. No se trata aquí de corrupción económica, sino de una forma más sutil y peligrosa de distorsión, motivada por convicciones personales profundamente arraigadas.
Este tipo de periodista no actúa por dinero ni por presión externa, sino por una especie de conflicto interno. La verdad que descubre o que debe comunicar choca directamente con su manera de pensar, con sus creencias, con su visión del mundo. Y es precisamente ahí donde surge la tentación de callar, de omitir, de suavizar los hechos para no enfrentar una realidad que le resulta incómoda o dolorosa.
En ese sentido, el reto ético es aún mayor. Porque no basta con resistir sobornos o presiones externas; también es necesario tener la valentía de enfrentarse a uno mismo. El verdadero compromiso con la verdad implica estar dispuesto a romper con prejuicios, a cuestionar convicciones propias y a aceptar que el deber del periodista no es proteger su forma de ver la vida, sino exponer la realidad tal como es, aunque esta le resulte incómoda o contradictoria
Finalmente, Solano concluye con una enseñanza clave: la ideología nunca debe obligar al periodista a renunciar a la ética. El compromiso con la verdad debe prevalecer, evitando caer en el silencio cómplice o en la autocensura. Solo así se podrá construir un periodismo digno, capaz de servir verdaderamente a la sociedad y fortalecer la democracia.

