(VI) Una sociedad con pocos Quijotes y demasiados Sanchos al servicio del interés
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
La obra Don Quijote de la Mancha, escrita por Miguel de Cervantes, ha trascendido los siglos como una representación profunda de la lucha entre el idealismo y la cruda realidad. En su figura central, Don Quijote encarna la defensa inquebrantable de la justicia, la libertad y los valores nobles, aun cuando el mundo que lo rodea parece burlarse de sus aspiraciones.
A su lado, el inseparable Sancho Panza representa el contrapeso necesario: el realismo, el pragmatismo y el sentido común. Sancho no sueña con gigantes donde hay molinos, pero tampoco abandona a su amo; su lealtad demuestra que incluso en la razón más terrenal hay espacio para la fidelidad y el afecto.
Trasladando estos dos arquetipos a la actualidad, la sociedad parece haber inclinado la balanza de manera evidente. Hoy, predominan los “Sanchos”, hombres y mujeres que actúan bajo cálculos prácticos, intereses personales y conveniencias inmediatas, dejando de lado los ideales que una vez movieron grandes transformaciones.
El idealismo de los “Quijotes” contemporáneos se ha vuelto escaso. Aquellos que luchan por la verdad, la justicia o el bien común suelen ser vistos como ingenuos, soñadores o incluso incómodos para un sistema que favorece el acomodo antes que la confrontación moral.
En este contexto, el término “Lobismo” surge como una crítica a esa conducta donde los objetivos no se construyen sobre principios, sino sobre intereses, favores y conveniencias. Es la evolución del pragmatismo hacia una forma más cruda de oportunismo, donde importa más el beneficio que la coherencia.
La ausencia de más “Quijotes” no solo empobrece el debate social, sino que también debilita la capacidad de los pueblos para exigir transparencia, justicia y dignidad. Sin ideales, las sociedades se convierten en estructuras funcionales, pero vacías de propósito trascendental.
Sin embargo, no todo está perdido. La historia ha demostrado que en los momentos más críticos surgen figuras dispuestas a asumir el rol quijotesco, enfrentando burlas, resistencias y obstáculos con tal de defender lo correcto, aun cuando parezca imposible.
Quizás el verdadero desafío de nuestro tiempo no sea elegir entre ser Quijote o Sancho, sino lograr un equilibrio: mantener los pies sobre la tierra sin renunciar a los sueños, actuar con sensatez sin perder la nobleza, y sobre todo, rescatar el valor de luchar por algo más grande que el interés propio.

