¡De la palabra a la violencia! repudio total al bochornoso acto del comunicador Jhossan Capell
Por redacción
SANTO DOMINGO, RD.-
En cualquier escenario profesional, el respeto por la palabra ajena constituye un principio básico de convivencia y ética. Cuando una persona es interrumpida mientras habla, lo correcto no es reaccionar de manera impulsiva, sino esperar el momento oportuno para retomar su intervención. Este comportamiento demuestra dominio propio, educación y un alto sentido de responsabilidad frente al entorno en el que se desenvuelve.
Los profesionales de la comunicación, en particular, están llamados a ser ejemplo de equilibrio emocional y manejo adecuado de situaciones de tensión. Su rol en la sociedad implica no solo informar, sino también modelar conductas que fortalezcan el respeto mutuo y el diálogo civilizado. Por ello, cualquier reacción desmedida contradice la esencia misma de su labor.
Responder a una interrupción con agresión física no solo es inapropiado, sino también condenable desde cualquier punto de vista. Este tipo de conducta rompe con las normas más elementales de respeto y evidencia una falta de control que no puede justificarse bajo ninguna circunstancia. La violencia nunca debe ser una opción, mucho menos en espacios donde prevalece la palabra.
Este tipo de acciones habla claramente de la personalidad de quien las ejecuta. Refleja intolerancia, incapacidad para manejar desacuerdos y una preocupante debilidad en el control emocional. En lugar de imponer respeto, genera rechazo y cuestionamientos sobre la idoneidad del individuo para desempeñarse en su área profesional.
La sociedad espera de sus comunicadores un comportamiento ejemplar, basado en la prudencia, la tolerancia y el respeto a las diferencias. Cuando estos principios se vulneran, se pierde credibilidad y se afecta la confianza del público, que observa con preocupación este tipo de episodios bochornosos.
Es fundamental que situaciones como esta sean analizadas con seriedad y que se establezcan límites claros sobre lo que es aceptable dentro del ejercicio profesional. No se puede normalizar la violencia ni justificarla bajo ninguna excusa, ya que hacerlo implicaría un retroceso en los valores que deben regir la convivencia social.
Por todo lo anterior, condenamos de manera categórica la actitud bochornosa del comunicador Jhossan Capell. Este tipo de comportamiento no representa los valores que deben prevalecer en el ejercicio de la comunicación ni en la vida en sociedad, y debe servir como un llamado de atención sobre la importancia del respeto y el autocontrol.

