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Aceras ocupadas y peatones en peligro: el desorden vuelve a la San Vicente de Paúl

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO ESTE, RD.-

Ayer hice una parada técnica en la avenida San Vicente de Paúl esquina Fernández de Navarrete y nuevamente me encontré con una realidad que preocupa a muchos ciudadanos: comerciantes ambulantes, tanto dominicanos como extranjeros, ocupando gran parte de las aceras y extendiendo sus actividades hasta áreas de la vía pública. Esta situación parece volver a tomar fuerza en una de las avenidas más transitadas y dinámicas del municipio.

Lo más preocupante de este panorama es que las aceras, creadas precisamente para garantizar la seguridad y el libre desplazamiento de los peatones, prácticamente desaparecen ante la ocupación irregular. Los ciudadanos que se desplazan diariamente por esta importante zona se ven obligados a abandonar el espacio destinado para ellos y caminar por el centro de la calle, exponiéndose constantemente al peligro que representa el tránsito vehicular.

Cada día por esta avenida circulan miles de personas: estudiantes, trabajadores, envejecientes y madres acompañadas de niños pequeños. Muchos de ellos deben esquivar vehículos, motores y obstáculos improvisados mientras intentan continuar su camino. Lo que debería ser un recorrido normal y seguro se transforma en una experiencia incómoda y arriesgada para quienes simplemente desean llegar a sus destinos.

No se trata de cuestionar el derecho al trabajo de quienes buscan el sustento de sus familias mediante el comercio informal. La realidad económica obliga a muchas personas a buscar alternativas para generar ingresos. Sin embargo, el derecho al trabajo también debe convivir con el derecho colectivo de los ciudadanos a utilizar los espacios públicos de manera ordenada y segura.

La San Vicente de Paúl es una de las principales arterias comerciales y de circulación de Santo Domingo Este, por lo que mantener el orden urbano debe ser una prioridad permanente y no una acción temporal. Cada cierto tiempo se realizan operativos de recuperación de espacios públicos, pero luego las ocupaciones vuelven a aparecer y la situación regresa prácticamente al mismo punto inicial.

Las autoridades municipales deben prestar atención a esta problemática antes de que vuelva a producirse una arrabalización progresiva de una avenida que durante años ha sido objeto de intervenciones y esfuerzos de organización. Permitir que el desorden vuelva a instalarse envía un mensaje negativo sobre el control y la planificación de los espacios comunes.

Los municipes merecen caminar libremente por las aceras sin tener que sortear puestos improvisados, mercancías o riesgos innecesarios. Una ciudad organizada no solamente se mide por las grandes obras de infraestructura, sino también por la capacidad de garantizar que los espacios públicos puedan ser utilizados de forma adecuada por todos los ciudadanos.

Corresponde a las autoridades municipales actuar con equilibrio, sensibilidad y firmeza, buscando soluciones que permitan mantener el orden sin afectar injustamente a quienes trabajan. Lo importante es evitar que una situación que hoy puede parecer manejable termine convirtiéndose en un problema mayor para la movilidad, la seguridad y la imagen urbana de Santo Domingo Este.

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