Abinader y el reto de la inmigración haitiana
Danny Pujols
SANTO DOMINGO, RD.-
El presidente Luis Abinader ha convocado a los líderes de la oposición para abordar juntos uno de los problemas más delicados y persistentes de nuestra nación: la inmigración haitiana. Esta iniciativa, aunque tardía, es positiva en la medida en que reconoce que el problema trasciende partidos políticos y requiere una respuesta de Estado.
Sin embargo, más allá del diálogo, el pueblo dominicano espera acciones concretas, firmes y soberanas. No se trata de improvisaciones, ni de medidas simbólicas, sino de políticas públicas claras que frenen el ingreso ilegal, refuercen la seguridad fronteriza y protejan nuestra identidad, nuestro trabajo y nuestros recursos.
La historia nos recuerda que los desafíos migratorios no son nuevos. En el primer año de su segundo mandato, el general Rafael Leónidas Trujillo observó, en uno de sus recorridos por la Línea Noroeste, que la moneda haitiana se usaba comúnmente en el comercio desde Santiago hasta Monte Cristi, y que comunidades enteras de haitianos ocupaban zonas del territorio nacional.
En respuesta, aplicó medidas extremas y violentas, como el tristemente célebre «Corte», que culminó en una masacre que ningún dominicano con sentido de humanidad puede justificar ni repetir.
Esa página oscura de nuestra historia no debe inspirar nuestras acciones, pero sí advertirnos sobre las consecuencias de permitir que los problemas se salgan de control.
Hoy, el presidente Abinader enfrenta un dilema similar, aunque en un contexto democrático, institucional y respetuoso de los derechos humanos.
La solución no puede ser el silencio ni la pasividad, sino una política migratoria firme, legal y estratégica que controle el paso por la frontera, limite la permanencia irregular y refuerce la capacidad del Estado para ordenar el territorio nacional.
El pueblo dominicano sabrá respaldar un presidente que actúe con determinación para preservar nuestra soberanía, sin ceder ante la presión internacional ni abandonar los principios de dignidad y respeto a la vida humana.
En esta hora decisiva, lo que se espera de Luis Abinader no es un discurso, sino una acción. Porque proteger la patria no es un acto de odio, sino de responsabilidad.

