Opinión

¿Críticas al Metro o miedo al impacto? Cuando 35 pesos y 35 minutos cambian el juego político

 

Por Manuel Rojas

SANTO DOMINGO, RD.-

La oposición está cometiendo un error recurrente al abordar de manera ligera la calidad del Metro, sin detenerse a pensar en el impacto real que tendrá en la vida cotidiana de miles de ciudadanos. No se trata solo de una obra de infraestructura, sino de una transformación en la movilidad urbana que podría cambiar la rutina de quienes cada día invierten horas atrapados en el tránsito.

Conviene recordar que cuando el expresidente Leonel Fernández impulsó el Metro en febrero de 2008, un año antes de su inauguración oficial, se realizó una prueba dinámica. Ese proceso no fue improvisado; siempre ha sido parte del protocolo técnico previo a poner en funcionamiento una obra de esa magnitud. Las pruebas permiten corregir fallas, medir tiempos y garantizar seguridad antes de abrir las puertas al público.

Hoy se repite el mismo patrón: críticas anticipadas antes de que el sistema entre plenamente en operación. Sin embargo, la verdadera evaluación no la harán los comentaristas ni los dirigentes políticos, sino los usuarios. Será el ciudadano común quien determine si el servicio cumple o no con sus expectativas.

Imaginemos el escenario: por 35 pesos, una persona podrá desplazarse desde su sector hasta cualquier punto estratégico de la ciudad en menos de media hora. Para muchos trabajadores que hoy tardan dos horas y media en llegar a su empleo, esta diferencia no es un detalle menor; es calidad de vida, tiempo con la familia y menos estrés acumulado.

Además, la integración con el teleférico y las líneas alimentadoras crea un sistema articulado. Un usuario podría tomar el teleférico, conectarse con la línea del Metro y completar su trayecto de forma rápida y económica. Esa combinación redefine la movilidad en zonas que históricamente estuvieron desconectadas del centro urbano.

Las inauguraciones siempre generan expectativas y también resistencias. Cuando finalmente se corte la cinta y los trenes comiencen a transportar a ciudadanos de distintas comunidades, será ese contacto directo con la realidad el que marque la diferencia. No será el discurso político, sino la experiencia diaria de miles de personas.

Por eso cabe preguntarse: ¿favorecerán las críticas adelantadas o terminarán chocando con la satisfacción de quienes logren llegar a su trabajo en 35 minutos pagando solo 35 pesos? La respuesta, como casi siempre en democracia, la dará la gente con su uso, su percepción y su voz en las calles.

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