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«Cuando lo simple funciona»

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO ESTE, RD.-

El día de hoy tuve la oportunidad de observar de cerca el funcionamiento del nuevo sistema de recolección de desechos sólidos implementado en nuestro municipio SDE. Para mi sorpresa, se trata de un sistema bastante sencillo, pero que hasta ahora está dando resultados visibles. Un pequeño camión grúa llega, deposita un contenedor color mamey vacío, y se lleva el que los munícipes han llenado con sus residuos. Simple, práctico y, lo más importante, funcional.

Lo cierto es que, si este ritmo se mantiene, si la frecuencia de recogida se respeta y las rutas no se abandonan, podríamos decir que estamos ante un cambio positivo en la cultura de limpieza urbana. Las principales avenidas lucen más limpias, los espacios públicos se respiran más vivos, y por momentos parece que ese viejo anhelo colectivo de un municipio limpio y ordenado comienza a tener forma.

No faltan, sin embargo, las voces críticas. Algunos ciudadanos han expresado su preocupación por los contenedores colocados en las vías públicas, alegando que podrían provocar accidentes. Pero si nos detenemos a analizarlo, estos recipientes ocupan el mismo espacio que un vehículo estacionado.

¿Acaso no deberíamos entonces preocuparnos también por los cientos de autos que día a día obstruyen aceras y esquinas? El problema, como casi siempre, no es el objeto, sino el uso desordenado del espacio público. Con orden y señalización adecuada, los contenedores no deberían representar un riesgo mayor.

Otro aspecto que merece reconocimiento es el camión cisterna que pasa de forma interdiaría a regar las flores sembradas en el parque. Un parque que estuvo abandonado durante décadas y que, con un poco de voluntad política y cuidado continuo, empieza a recobrar vida.

La escena de ver flores siendo regadas en pleno asfalto, aunque parezca simple, tiene un profundo simbolismo: habla de una administración que al menos en esta etapa está intentando embellecer el municipio y devolverle a sus ciudadanos el orgullo de pertenencia.

Claro está, este sistema todavía está en fase de observación. No basta con arrancar bien; el reto mayor es mantener el impulso y resistir la tentación de abandonar el esfuerzo cuando las cámaras se apaguen y las críticas arrecien. El municipio, hasta ahora, luce limpio. Pero la limpieza, como la felicidad, no es un estado permanente: es un ejercicio constante, una responsabilidad compartida entre autoridades y ciudadanos.

Ojalá que esta iniciativa no se quede en una moda pasajera. Ojalá que no permitamos que los contenedores se desborden y que el parque vuelva a llenarse de maleza. Ojalá que este sea el inicio de una nueva cultura urbana donde todos entendamos que mantener nuestro entorno limpio no es un favor que se nos hace, sino un derecho que se nos respeta y un deber que debemos ejercer.

Porque al final, lo que queremos es sencillo: vivir en un municipio limpio, funcional, donde los servicios públicos estén al servicio de la gente, y donde los munícipes, al ver sus calles limpias y sus parques florecidos, puedan sentirse, simplemente, un poco más felices. Y esa, debe ser, la verdadera responsabilidad de una alcaldía.

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