El MIU tilda de “errático” el llamado a “revisar y ajustar” relaciones con China
Por Roberto Veras.-
SANTO DOMINGO, RD.-
La política exterior de un país no debe ser guiada por miedos heredados ni por presiones de potencias extranjeras, sino por el interés nacional y la autodeterminación soberana. En ese contexto, las recientes declaraciones del vicepresidente de la Fuerza Nacional Progresista (FNP), Pelegrín Castillo, quien exhortó a “revisar y ajustar” las relaciones diplomáticas entre la República Dominicana y la República Popular China, resultan no solo erráticas, como las calificó acertadamente el secretario general del Movimiento Izquierda Unida (MIU), Miguel Mejía, sino también peligrosamente alineadas con un discurso geopolítico que no responde a nuestra realidad ni a nuestras necesidades.
Castillo plantea que China estaría convirtiendo al Caribe en un campo de tensión frente a Estados Unidos, ignorando que esa tensión no es provocada por los países de la región, sino por la rivalidad estructural entre las dos principales potencias del siglo XXI. La República Dominicana, como nación soberana, debe establecer sus vínculos internacionales desde una lógica de cooperación, desarrollo, comercio justo y respeto mutuo, sin permitir que el ajedrez de las superpotencias dicte sus pasos.
La relación con China ha traído beneficios concretos: inversiones en infraestructura, intercambio cultural, apoyo en momentos críticos como la pandemia, y oportunidades comerciales para exportadores dominicanos. ¿Por qué entonces retroceder? ¿Quién realmente gana si la República Dominicana se alinea ciegamente con una potencia en detrimento de otra?
Miguel Mejía, con sobrada autoridad desde su espacio de izquierda nacionalista, ha advertido que el planteamiento de Castillo representa una visión limitada, encerrada en los viejos paradigmas de la Guerra Fría. Y tiene razón. El Caribe no debe ser un terreno de confrontación, sino una zona de paz, desarrollo sostenible y cooperación multilateral.
La diplomacia dominicana debe mantener su equilibrio, su vocación plural y su capacidad de diálogo con todos los actores globales, sin caer en provocaciones que solo buscan sembrar el miedo. La soberanía no se negocia, se ejerce. Y ejercerla implica decidir, sin tutelajes externos, qué relaciones nos convienen como nación.
Porque en un mundo multipolar, el mayor error es encerrarse en trincheras ideológicas que niegan el derecho a decidir libremente con quién y cómo nos relacionamos. En eso, Mejía no solo ha defendido la relación con China, sino que ha reafirmado un principio fundamental: la política exterior debe servir a los intereses del pueblo dominicano, no a las agendas de terceros. El que tenga oído, que oiga.

