NacionalesOpinión

Lilís: ¿tirano o genio constructor? La cara del hombre humilde que iluminó y conectó la República Dominicana

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

Muchos historiadores describen al general Ulises Heureaux, conocido como Lilís, desde la dureza de sus métodos y las sombras de su gobierno. Y es válido que así lo hagan, porque la historia también se escribe con críticas. Pero hoy quiero contar otra parte, la que a veces se menciona poco: la del hombre que, en medio de un país fragmentado y con escasos recursos, apostó por el progreso material como forma de consolidar la nación.

En 1886, mientras la política dominicana era un campo minado de rivalidades y conspiraciones, el país comenzó a vivir una etapa de logros materiales extraordinarios. No era común hablar de modernidad en una nación joven, pero fue precisamente en esos años cuando se instaló el servicio de electricidad. Imaginar aquellas primeras noches iluminadas en la capital es entender que algo estaba cambiando: la oscuridad dejaba paso a la luz, y con ella a una nueva mentalidad de progreso.

Lilís no partió de cero. Dio continuidad a proyectos que había iniciado el Gobierno del Partido Azul bajo el liderazgo del general Gregorio Luperón. El 18 de octubre de 1883 se puso en servicio la primera locomotora, y para 1887 el país ya contaba con el ferrocarril que unía Samaná con Santiago. Aquellos rieles no eran solo hierro y madera: eran la promesa de integración, comercio y desarrollo en un territorio que necesitaba conectarse para crecer.

En esa misma etapa se construyó la red vial Sánchez–La Vega, con una extensión de 130 kilómetros. Era una obra monumental para la época. Conectar regiones productivas significaba dinamizar la economía, facilitar el transporte agrícola y abrir oportunidades donde antes solo había aislamiento. Cada tramo de carretera era un paso hacia la cohesión nacional.

En 1887 también se levantaron los puentes sobre el arroyo Nibaje y el de Gurabito, en Santiago. Estas estructuras facilitaron la movilidad y fortalecieron el desarrollo urbano de la ciudad cibaeña. Los puentes, más allá de su función práctica, simbolizaban la unión de comunidades y el avance de la ingeniería dominicana en tiempos de limitaciones técnicas y financieras.

En la capital, en 1890, se construyó el puente Presidente Heureaux, uniendo la parte occidental con la oriental de Santo Domingo. Aquella obra permitió que la ciudad comenzara a expandirse con mayor dinamismo. Luego, en 1893, se inició la construcción del acueducto de Santo Domingo, un proyecto esencial para la salud pública. En 1896 se presentó el primer presupuesto nacional que incluyó los gastos del alumbrado eléctrico municipal, institucionalizando así un servicio moderno. Y en 1895 y 1897, respectivamente, se impulsaron el ramal Jima–San Francisco de Macorís y el Ferrocarril Central Dominicano que unía Puerto Plata con Santiago, consolidando la red ferroviaria del país.

Pero más allá del concreto, del hierro y de las cifras, hay un aspecto humano que pocas veces se destaca. Ulises Heureaux no provenía de la élite tradicional ni de las familias aristocráticas que dominaban la política de su tiempo. Era de origen humilde, hijo de una sociedad marcada por profundas desigualdades. Sin embargo, supo abrirse camino en un escenario hostil, donde la supervivencia política requería audacia, inteligencia y una extraordinaria capacidad de lectura del poder.

Su ascenso no fue producto del azar. Fue resultado de una mente estratégica que entendía las alianzas, los equilibrios regionales y las debilidades de sus adversarios. Desde posiciones militares fue ganando terreno hasta convertirse en la figura central del poder nacional. Gobernar un país convulso, con amenazas internas y presiones externas, exigía una habilidad política poco común, y Lilís la demostró con creces, para bien o para mal.

Podrán discutirse sus métodos, y la historia seguirá debatiendo sus luces y sombras. Pero es innegable que su inteligencia política le permitió, siendo un hombre de raíces humildes, sentarse en la silla presidencial y dirigir los destinos de la República en uno de sus períodos más complejos. Y junto a las controversias, quedaron obras materiales que transformaron el paisaje y marcaron una etapa decisiva en la construcción del Estado dominicano.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *