Opinión

(2 de 20) Ángel Miolán: del exilio anti trujillista al honor miembro Ad Vitam del PRD

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

Desde distintos puntos del exilio: Nueva York, Venezuela, Cuba, Puerto Rico y otros rincones del continente, se tejía una red de esperanza y resistencia. En ella, un nombre comenzó a sobresalir con fuerza: Ángel Miolán.

Años antes de que se fundara el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), ya Miolán llevaba sobre sus hombros el compromiso de enfrentarse al régimen más férreo que haya conocido la República Dominicana.

Con apenas 22 años, en la segunda campaña electoral de Rafael Leónidas Trujillo en 1934, Miolán comenzó a conspirar contra la dictadura, exponiendo su vida por la libertad del pueblo dominicano.  Esa decisión marcó el inicio de una trayectoria política firme, coherente y profundamente patriótica. No fue un antitrujillista de ocasión, sino un opositor consagrado, decidido a enfrentar el miedo con la verdad y el exilio con dignidad.

La lucha desde fuera de la isla no fue fácil. Mientras Trujillo consolidaba su maquinaria de represión, los dominicanos en el exilio conspiraban, organizaban células de resistencia y hacían llegar su voz por encima de la censura. Ángel Miolán fue uno de los organizadores fundamentales de ese esfuerzo. Su capacidad de liderazgo, su visión clara de país y su carácter conciliador lo convirtieron en una figura central de la oposición.

En 1939, en La Habana, Cuba, junto a otros exiliados, se gestó lo que luego se consolidaría como el Partido Revolucionario Dominicano. Con el tiempo, Miolán pasó de ser un férreo antitrujillista a uno de los líderes principales de ese partido que se convertiría en una de las principales fuerzas políticas del país tras la muerte del dictador.

Pero como ocurre en todas las grandes historias políticas, no todo fue armonía. En 1965, luego de marcadas diferencias con Juan Bosch, fundador del PRD y líder indiscutible en ese momento, Ángel Miolán fue expulsado del partido que ayudó a construir. A pesar de ello, no abandonó sus principios ni su compromiso con el pueblo dominicano. Su dignidad permaneció intacta, incluso cuando la política se tornó mezquina.

Décadas más tarde, el PRD ya liderado por José Francisco Peña Gómez corrigió aquella injusticia histórica. Reconociendo la valía, el legado y la trayectoria de Miolán, lo reintegró como miembro Ad Vitam, un título reservado para los imprescindibles, aquellos que dieron todo por la causa sin pedir nada a cambio.

Ángel Miolán no solo es parte del pasado político dominicano: es símbolo de coherencia, sacrificio y servicio. Su vida nos recuerda que la política no debe ser el arte de la conveniencia, sino el compromiso con el bien común, aún cuando eso signifique ir contra los poderosos o ser marginado por los propios.

Estas informaciones están extraídas del libro “Soldado de la Democracia”, del abogado y politólogo Juan José Encarnación, una obra que recoge con precisión y rigor el legado de uno de los grandes forjadores de la democracia dominicana.

Hoy, desde la mirada crítica que exige la historia, es justo reconocer su legado. Porque sin hombres como Miolán, la lucha por la democracia en República Dominicana habría sido aún más larga, más sangrienta y más incierta.

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