“24 de abril; día de la dignidad constitucional”
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Cada año, el calendario nacional nos confronta con una fecha de alto simbolismo: el 24 de abril. No es un simple aniversario, ni una efeméride que se recuerda con desfiles fríos o placas polvorientas.
Es un día que late con la sangre de la dignidad dominicana. Es el grito inmortal de un pueblo que, ante la traición a la democracia, decidió no quedarse de brazos cruzados.
Ese día, en 1965, comenzó la Revolución de Abril. Una gesta que no fue sólo una guerra civil, ni sólo un conflicto político. Fue, sobre todo, un acto de amor radical por la Constitución, por el respeto a la voluntad popular y por la soberanía nacional. Fue una Guerra Patria.
Derrocado Juan Bosch apenas siete meses después de asumir la presidencia en 1963, la promesa de un gobierno democrático y reformador fue cercenada por las fuerzas del conservadurismo y el miedo al cambio. Pero la historia no se detuvo.
Un joven coronel, Rafael Tomás Fernández Domínguez, no aceptó la imposición del orden ilegítimo. Inspirado por su juramento a la Constitución y su amor por la patria, comenzó a articular un plan audaz: organizar a militares leales al orden democrático para restaurar el gobierno de Bosch.
Fernández Domínguez, el ideólogo del movimiento constitucionalista, no pudo estar presente el 24 de abril. Se hallaba fuera del país. Pero su semilla estaba sembrada.
Fue entonces cuando emergió, con la fuerza de un huracán ético, el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó. A él le tocó asumir el liderazgo de los constitucionalistas, enfrentar las balas con valor y levantar, en medio del fuego cruzado, la bandera mancillada de la democracia.
Caamaño no sólo tomó la dirección del movimiento: se convirtió en su símbolo. Con él, el pueblo tomó las calles. La voz de los sin voz se convirtió en cañón de dignidad. La consigna era clara: ¡Viva la Constitución del 63!
Hoy, al recordar esta fecha, no basta con flores ni discursos de ocasión. Hay que reflexionar. Porque muchos de los que hoy ocupan espacios de poder han olvidado la esencia de esa lucha. Porque aún hay sectores que temen a la voluntad popular y que ven la Constitución como un obstáculo, no como una guía.
Recordar el 24 de abril es un deber. Pero honrarlo es más que recordarlo: es comprometernos a no traicionar nunca más la democracia por conveniencia, es defender el legado de Fernández Domínguez, de Caamaño y de todos los hombres y mujeres que se jugaron la vida para que hoy podamos hablar de libertad.

