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(3 de 20) La fecha de la libertad

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

Narrar el nacimiento de la libertad dominicana es también contar una historia de coraje, sangre y esperanzas. El 30 de mayo de 1961, el ajusticiamiento del dictador Rafael Leónidas Trujillo marcó el principio del fin de una de las tiranías más crueles del continente. Aquel día no solo cayó un hombre: cayó un régimen cimentado en el miedo, la represión y el silencio impuesto.

Apenas veinte días después de mi nacimiento, el 5 de julio de 1961, llegaron al país tres figuras históricas que encendieron la chispa de la democracia dominicana: Ángel Miolán, Nicolás Silfa y Ramón Castillo, altos dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

Su arribo marcó el reinicio de la política, de las ideas, de la lucha organizada por la libertad. En una tierra aún estremecida por el terror, ellos desafiaron lo impensable: enfrentar la sombra de la dictadura con la luz de la democracia.

A pesar de la muerte de Trujillo, la libertad no se instauró de inmediato. El régimen trujillista mutó, y uno de sus herederos políticos, Joaquín Balaguer, usó todas las herramientas del poder para contener la apertura democrática. Balaguer limitaba el libre tránsito, intervenía las comunicaciones y sembraba el miedo.

Para imponer su control, organizó un grupo de choque paramilitar conocido como «Los paleros de Balá», una turba armada con garrotes y armas cortas que recorría los barrios para atemorizar a la población que exigía cambios. Su función era clara: sofocar las voces disidentes, detener los mítines, aplastar la protesta.

Pero ni los palos, ni las balas, ni el miedo, pudieron detener el deseo de libertad del pueblo dominicano.

Esa llama encendida con el sacrificio de muchos ardía con fuerza. Cada protesta, cada panfleto clandestino, cada reunión en la oscuridad de un patio o una iglesia, era un acto de resistencia. Y el PRD, con todas sus contradicciones, jugó un papel protagónico en esa nueva etapa del país. Fue el vehículo que canalizó la voz de un pueblo que, tras tres décadas de dictadura, quería elegir su destino.

Este acontecimiento está extraído del libro «Soldado de la democracia», escrito por Juan José Encarnación, politólogo y abogado, quien con rigor y compromiso histórico nos ofrece una visión clara de ese proceso de transición, desde el fin del trujillato hasta los primeros pasos hacia la institucionalidad democrática.

Hoy, al mirar hacia atrás, recordamos que la libertad no se concede: se conquista. Y que cada derecho que hoy damos por sentado el voto, la libre expresión, la participación política fue sembrado con coraje en una tierra manchada por la represión.

Aquel 30 de mayo fue la fecha del inicio. El 5 de julio, la del compromiso. Y cada día desde entonces, los dominicanos hemos tenido la responsabilidad de defender lo que se ganó a costa de sangre y valentía. Que no se nos olvide: la libertad tiene fecha, pero también tiene memoria. Y quien olvida su historia, está condenado a repetir su opresión.

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