NacionalesOpinión

(4 de 20) Cuando la democracia fue estrangulada

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

Hubo un tiempo en la historia reciente de la República Dominicana en que la esperanza floreció, aunque brevemente. Fue el momento del gobierno democrático encabezado por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) en 1963, un proyecto de profundas transformaciones sociales y políticas que se propuso construir un país más justo, libre y solidario.

Durante esos meses de ejercicio democrático, el PRD ofreció un modelo de libertades públicas sin precedentes en nuestra historia. Su mayor legado fue, sin duda, la Constitución de abril de 1963: un texto progresista y valiente, que estableció garantías fundamentales para los sectores más postergados del país.

Por primera vez, los trabajadores dominicanos vieron consagrado su derecho a participar en los beneficios generados por las empresas, entre otras conquistas sociales que apuntaban a una redistribución más equitativa de la riqueza nacional.

Pero como narra el abogado y politólogo Juan José Encarnación en su obra «Soldado de la Democracia», esa primavera democrática fue truncada por los viejos poderes de siempre: una conspiración cuidadosamente tejida entre los sectores oligárquicos más atrasados, una cúpula eclesiástica que temía perder privilegios, y asesores militares extranjeros que respondían directamente al Pentágono.

Fueron ellos quienes alimentaron y ejecutaron la aventura golpista que derrocó al gobierno de Juan Bosch, un gobierno legítimo y popular.

Aquel golpe no fue un simple cambio de poder: fue el estrangulamiento de un proceso democrático genuino. Fue el mensaje brutal de que, en nuestro país, la justicia social no tendría cabida si contrariaba los intereses de las élites económicas y sus aliados extranjeros.

Hoy, cuando muchos repasan con ligereza los capítulos más decisivos de nuestra historia, vale la pena recordar que hubo dominicanos como Bosch y los hombres y mujeres del PRD de aquel entonces que soñaron con un país distinto. Y que su derrota no fue por falta de legitimidad, sino por el miedo de los poderosos a perder el control de un sistema injusto.

En tiempos donde la democracia es muchas veces reducida a un ejercicio formal cada cuatro años, esta historia nos recuerda que defender la democracia implica también defender los derechos sociales, la soberanía nacional y la dignidad de los más humildes.  La democracia no fue un regalo: fue una conquista traicionada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *