La riqueza material sin cultura es como un cuerpo sin alma
Por Roberto Veras,
SANTO DOMINGO ESTE.-
Hace cuatro años, compartí con un amigo un consejo que considero de gran valor. Le dije que la posición que ocupaba en una entidad en Santo Domingo Este le ofrecía una plataforma inigualable para convertirse en representante de su comunidad, lo que aquí llamamos diputado.
Le enfatizaba la importancia de instruirse en asuntos de cultura general, ya que su puesto le brindaría la oportunidad de amasar una considerable fortuna.
Le recomendé varios libros, pensando que una persona adinerada y con un cargo tan importante debía poseer un sólido bagaje cultural para desempeñarse con dignidad y sabiduría. Hoy, ese amigo es diputado y ha acumulado grande bienes. Me llena de esperanza pensar que haya seguido mi consejo y leído los libros recomendados.
Es lamentable que alguien en una posición de tanto poder y con tantos recursos careciera de la cultura necesaria para ejercer su cargo con verdadera eficacia y decoro. La riqueza material sin cultura es como un cuerpo sin alma; puede ser vistosa, pero carece de profundidad y verdadero valor.
En el ejercicio de su función, la cultura general no solo le permitirá tomar decisiones más informadas y justas, sino que también le ayudará a conectar mejor con sus electores, comprender sus necesidades y aspiraciones, y representar sus intereses de manera más efectiva. En última instancia, un diputado culto es un beneficio para toda la sociedad, ya que contribuye a un gobierno más sabio y equitativo.
Espero sinceramente que mi amigo haya aprovechado la oportunidad de crecer intelectualmente, porque el verdadero liderazgo no se mide solo por la cantidad de bienes que se poseen, sino por la calidad de las decisiones que se toman y el impacto positivo que se tiene en la vida de los demás.

