Opinión

En busca de soluciones reales para la delincuencia, “Una lección desde Honduras”

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO.-

Nos encontramos en un centro comercial con el embajador dominicano en Honduras, Julio Cesar George Encarnación y en nuestra conversación surgieron reflexiones que merecen ser escuchadas con atención.

Al ser cuestionado sobre si las políticas aplicadas en Honduras podrían replicarse en República Dominicana para reducir la delincuencia, su respuesta fue clara: las condiciones no son las mismas. Y, aunque esto es innegable, también es cierto que las experiencias exitosas deben inspirar acciones adaptadas a nuestra realidad.

El embajador, George Encarnación destacó un punto crucial: en Honduras, el presidente convocó a los legisladores y logró que le otorgaran plenos poderes para aplicar medidas contundentes.

Imaginar un escenario similar en República Dominicana nos enfrenta a una dura pregunta: ¿cuántos de nuestros representantes realmente acudirían a una convocatoria de esta naturaleza? Este simple ejercicio revela una de nuestras debilidades institucionales: la falta de cohesión y compromiso genuino con el bienestar colectivo.

Más allá de la voluntad política, el embajador detalló cómo el sistema carcelario hondureño se ha transformado en una herramienta de reinserción social. Los reclusos son capacitados en diferentes áreas técnicas y, mediante su trabajo, producen bienes que abastecen negocios de consumo. Este enfoque no solo dignifica a los internos, sino que también reduce la reincidencia al ofrecerles habilidades útiles para su reintegración en la sociedad.

Los resultados en Honduras son claros: la delincuencia ha disminuido notablemente en varios sectores del país. Pero, ¿por qué no podemos replicar algo similar en República Dominicana?

La respuesta no es sencilla. No basta con copiar modelos extranjeros; es necesario adaptar esas ideas a nuestra realidad social, cultural y económica. Aquí, el problema de la delincuencia está profundamente ligado a factores como la desigualdad social, la falta de oportunidades educativas y laborales, y un sistema judicial lento e ineficaz.

Si realmente queremos frenar el crecimiento de la delincuencia, debemos empezar por exigir un compromiso serio de nuestros legisladores, quienes deben apoyar reformas integrales. Además, es imprescindible modernizar nuestro sistema carcelario, convirtiendo las prisiones en centros de rehabilitación y capacitación, no en simples depósitos humanos.

El presidente dominicano necesita respaldo político real, pero también el apoyo de una ciudadanía que reclame acciones concretas y transparencia. No se trata solo de hablar de delincuencia, sino de encontrar soluciones duraderas. Es momento de aprender de los aciertos ajenos y tener el coraje de aplicar medidas que, aunque difíciles, son necesarias.

La seguridad de nuestra nación no debe ser rehén de la indiferencia política ni del miedo a enfrentar cambios profundos. Si Honduras pudo lograr avances significativos, ¿por qué no República Dominicana? La respuesta está en nuestras manos: compromiso, acción y voluntad política verdadera.

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