Opinión

«Los fabricantes de odio y el ataque sistemático al presidente Abinader»

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

En un tono enérgico y sin rodeos, el comunicador Juan José Encarnación, conductor del programa Baluarte de la Verdad, ha lanzado una advertencia clara: se ha orquestado una maquinaria mediática dedicada exclusivamente a destruir la imagen del presidente Luis Abinader.

Según Encarnación, hay una serie de personajes algunos disfrazados de analistas políticos, otros escudados en la supuesta objetividad de las redes sociales que se han levantado con un solo objetivo: “comerse vivo” al presidente.

En su reflexión, Encarnación señala que esta campaña no es producto de la casualidad ni del simple ejercicio democrático de la crítica. Lo que estamos viendo, asegura, es una operación estructurada y constante, que apunta no solo al desgaste del presidente, sino al desmantelamiento de la credibilidad del Partido Revolucionario Moderno (PRM) y de sus principales funcionarios.

Mientras los ataques arrecian, muchos de los llamados aliados o funcionarios guardan un silencio que raya en la complicidad. “Bien, gracias”, fue la frase que utilizó el comunicador para describir la pasividad con que algunos miembros del gobierno observan cómo se vapulea públicamente al jefe del Estado.

Lo que Encarnación plantea no puede ser tomado a la ligera. La construcción del descrédito no es nueva en la política dominicana, pero lo que ahora se observa parece ir más allá del debate honesto o la oposición legítima.

Se trata, según sus palabras, de una estrategia que combina desinformación, manipulación emocional y verdades a medias, empaquetadas en narrativas virales para erosionar el capital político del presidente y generar un clima de ingobernabilidad.

En este contexto, cabe preguntarse: ¿Dónde están los defensores del gobierno? ¿Por qué los ministros, viceministros, directores y legisladores no han salido en defensa de la gestión que dicen apoyar? ¿Será que el miedo a enfrentar el fuego cruzado de la opinión pública los ha paralizado, o acaso hay sectores internos que se benefician del debilitamiento del liderazgo presidencial?

Juan José Encarnación, con su estilo directo y frontal, ha puesto el dedo en una llaga que muchos prefieren ignorar: el presidente está siendo atacado, y muchos de los suyos, en vez de responder con firmeza, han optado por la comodidad del silencio. Y eso, en tiempos donde se libra una batalla comunicacional feroz, es tan peligroso como el ataque mismo.

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