El interés del odfelismo debe estar por encima de los particulares “Es hora de que hablen los delegados”
Por Juan Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Se avecina una nueva Bienal Odfélica, y con ella, la esperanza de que la Gran Orden Unida de Odfelos recupere el rumbo que le trazaron nuestros fundadores: el camino de la verdad, la transparencia y el bienestar colectivo.
Sin embargo, no podemos negar que en los últimos años se han acumulado errores graves, algunos de ellos irreparables si no se les pone freno de inmediato.
Uno de los asuntos más preocupantes ha sido la venta irregular de logias, como la ya mencionada venta de la logia de Neyba, realizada sin agotar los procedimientos establecidos.
No se ha rendido cuentas claras, ni se han ofrecido explicaciones transparentes sobre el destino de esos recursos. ¿Cómo se puede hablar de hermandad, de verdad y de principios, si se permite que actos de esa magnitud pasen sin consecuencias?
Pero más allá de ese hecho concreto, lo que verdaderamente hiere al odfelismo es el silencio cómplice, la indiferencia de algunos Altos Cuerpos y la resistencia a escuchar a quienes sí quieren soluciones: los delegados.
La historia del odfelismo enseña que las grandes decisiones no pueden quedar en manos de unos pocos iluminados ni de cúpulas que actúan como si la Gran Asamblea fuera su propiedad.
La Asamblea pertenece a los delegados, a los que representan las logias vivas, activas y sacrificadas en todo el territorio. Son ellos quienes deben ejercer el derecho sagrado de deliberar, cuestionar, votar y decidir.
El momento actual exige un despertar. Exige que los delegados asuman su rol con responsabilidad y valentía. Ya basta de que se les utilice como simples asistentes de ceremonias, como figuras decorativas en un teatro montado. Es hora de exigir, con respeto pero con firmeza, la devolución del poder deliberativo que les corresponde.
Porque si permitimos que esta bienal sea una más, si aceptamos la imposición de candidatos sin compromiso con la verdad y la transparencia, si cerramos los ojos ante las irregularidades, entonces estaremos enterrando el espíritu verdadero del odfelismo.
No queremos más rectores impuestos por intereses personales. No queremos más silencios que encubran errores. No queremos más procedimientos violados sin consecuencias.
Queremos un odfelismo donde el interés general esté por encima de los intereses particulares. Y para lograr eso, hay que escuchar y respetar a los delegados. La Gran Asamblea debe volver a ser lo que siempre fue: la voz soberana del odfelismo.

