(5 de 20) Una traición a la democracia: el 25 de septiembre de 1963 y sus consecuencias
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
El 25 de septiembre de 1963 marcó una herida profunda en la historia democrática de la República Dominicana. Aquel día, un golpe de Estado derrocó al presidente Juan Bosch, quien apenas siete meses antes había asumido el poder como el primer mandatario electo libremente tras la dictadura de Trujillo. El golpe no solo quebró el orden constitucional, sino que desató una ola de represión que intentó borrar todo vestigio de esperanza reformista en el país.
Los principales dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) fueron perseguidos y deportados. La Casa Nacional del partido fue ocupada por la Policía, un acto simbólico que representaba la clausura de la participación democrática. Con Bosch exiliado en Puerto Rico, la responsabilidad de reorganizar el PRD recayó en un joven e inteligente líder: José Francisco Peña Gómez.

Durante ese periodo de crisis, el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, encabezado por Manuel Aurelio Tavárez Justo, propuso al PRD coordinar un alzamiento armado con el objetivo de enfrentar al régimen golpista y reestructurar las fuerzas democráticas. Peña Gómez, siempre comprometido con una vía política pacífica y democrática, consideró que no era el momento adecuado para una acción armada y propuso su postergación.
Sin embargo, el 14 de Junio decidió avanzar con la insurrección. Las consecuencias fueron devastadoras. Manuel Aurelio Tavárez Justo fue capturado y asesinado junto a varios de sus compañeros en las montañas del norte del país. La historia consagró su sacrificio como símbolo de resistencia, aunque también evidenció la necesidad de una estrategia política sólida y bien calculada.

Cabe destacar que estas informaciones han sido extraídas del libro Soldados de la Democracia, escrito por el abogado y politólogo Juan José Encarnación, una de las obras más significativas del pensamiento sociológico dominicano de los últimos 50 años. En sus páginas, Encarnación documenta con rigurosidad académica y sensibilidad humana los dilemas y decisiones que enfrentaron los actores políticos de aquella época turbulenta.
El legado de Peña Gómez, al igual que el de Tavárez Justo, se mantiene vivo en la memoria histórica del país. Uno apostó por la organización política y la resistencia cívica; el otro por el sacrificio heroico y la lucha frontal. Ambos caminos, aunque diferentes, respondían a un mismo anhelo: la restauración de la democracia y la justicia social.
Hoy, más de seis décadas después, la democracia dominicana aún enfrenta desafíos. Por eso es imprescindible rescatar estos capítulos con honestidad y profundidad, no para avivar heridas, sino para fortalecer el compromiso con la verdad, la institucionalidad y el respeto a la voluntad popular. Recordar no es solo un acto de memoria: es un deber con la historia y con las generaciones que heredarán esta patria.


