Entrevista o debate: la claridad que exige la Comunicación Social
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
En el vasto universo de la Comunicación Social, existen distintas vertientes que suelen entrelazarse y, a veces, poner en entredicho la tan defendida objetividad. Entre estas, la entrevista y el debate ocupan lugares destacados, pero diferentes.
La entrevista es, por definición, una conversación estructurada entre dos o más personas, donde una de ellas, el entrevistador, formula preguntas y la otra, el entrevistado, responde.
El objetivo es claro: obtener información, evaluar ideas o explorar posiciones del entrevistado. Su fuerza está en la pregunta precisa, en la curiosidad periodística que busca iluminar rincones que permanecen oscuros para la opinión pública.
En cambio, el debate es una confrontación formal de ideas. En él participan dos o más personas que, a partir de una proposición o tema específico, presentan argumentos, contraargumentos y puntos de vista opuestos o complementarios. El debate busca evidenciar las fortalezas y debilidades de cada postura para que la audiencia forme su propio juicio.
Digo todo esto porque debemos estar muy claros, por responsabilidad profesional y por respeto a la audiencia, si lo que tuvo el alcalde Dio Astacio fue realmente una entrevista o un debate. La diferencia no es trivial: en una entrevista, el alcalde tiene el espacio para explicar sus acciones, decisiones y planes, mientras que en un debate debe defenderlos frente a críticas directas o preguntas incómodas de otros panelistas.
La confusión entre ambos formatos puede afectar no solo la percepción de la ciudadanía sobre el alcalde, sino también la credibilidad del medio que organiza el encuentro. Si se anuncia un debate y resulta una entrevista complaciente, se engaña al público. Si se anuncia una entrevista y termina siendo un ataque coordinado, también se falta a la ética periodística.
Por eso, más que un simple tecnicismo, definir con precisión el formato en el que participó el alcalde Dio Astacio es un acto de honestidad con la audiencia y con el ejercicio mismo de la Comunicación Social. Porque solo así podremos saber si vimos a un funcionario explicando, a un político defendiéndose, o a un ciudadano debatiendo ideas.

