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René Fortunato y la memoria que no muere

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

Ayer, la cultura dominicana perdió a una de sus figuras más comprometidas con la memoria histórica del país. El cineasta y documentalista René Fortunato falleció a los 67 años en Santo Domingo, dejando tras de sí una invaluable herencia de imágenes, relatos y verdades contadas con pulso firme y mirada crítica. Su obra es más que cinematografía: es archivo, es conciencia nacional, es documento de identidad colectiva.

Recuerdo que hace algunos años, muchos de mis amigos, movidos por el mismo espíritu de rescate cultural, estudiaban Cine en Bellas Artes. La pasión los llevó más allá de nuestras fronteras. Su pasantía fue en Radio Caracas Televisión, en Venezuela, un lugar donde las historias cobraban vida y se tejían con profesionalismo.

Allí surgió una película que aún me estremece al recordarla: “Viacruces”, inspirada en un cuento de Juan Bosch, tejida con simbolismo, compromiso social y la esencia misma del pueblo dominicano. Era una obra coral, donde participaron talentos como Carlos Peña, Juan José Encarnación, y otros nombres que, aunque no todos están en letras doradas en las marquesinas, llevan el cine en la sangre.

“Viacruces” fue dirigida por Jimmy Sierra, y se alzó con el primer lugar en su categoría. Era más que una producción cinematográfica: era una afirmación artística y política. Se exploraban los temas de identidad, lucha, resistencia y redención. Un verdadero viacrucis del alma dominicana, plasmado en celuloide.

Además, en aquellos tiempos se respiraba creatividad en cada esquina. En Radio Contacto, por ejemplo, en tono de “Re”, se narraban cuentos y fábulas con las voces y talentos de Reynaldo Disla, Carlos Peña, Juan José, y otros soñadores que encontraban en la narración un arma poderosa contra el olvido.

Hoy, al recordar a René Fortunato, no puedo evitar pensar que él fue parte de esa misma estirpe de creadores: hombres que, cámara en mano, buscaron en los pliegues de la historia lo que muchos quisieron esconder. Películas como “Trujillo: El poder del jefe” o “Bosch: Presidente en la frontera imperial” son testamentos fílmicos que seguirán vivos, porque nos obligan a mirar atrás para no tropezar dos veces con la misma piedra.

René ha partido, pero su legado nos queda como un guion abierto que esta generación debe continuar. Porque mientras haya quien cuente nuestras verdades, el pueblo no estará nunca del todo solo.

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