El obelisco hembra y la memoria que incomoda a los que juraron liberar
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Decía recientemente Dido Ramírez a esta redacción una reflexión que, aunque parece casual, está cargada de profundidad simbólica y cuestionamientos históricos: “No creo que hayan sido simples casualidades que estos símbolos libertarios: la Estatua de la Libertad en Nueva York; la de Juana de Arco en Francia y el Obelisco Hembra en Santo Domingo sean femeninos. Y quizás las razones todos las conocemos.”
Pero, más allá de los símbolos universales, a Dido le interesaba uno en particular: el tercero. Ese que emergió en la costa del Malecón dominicano, no como simple decoración urbana, sino como testimonio incómodo de una etapa que aún duele y que muchos preferirían enterrar bajo el concreto del olvido.
El Obelisco Hembra fue levantado para conmemorar un momento que significó libertad financiera para la República Dominicana: el pago de la deuda externa a mediados del siglo XX. Sin embargo, también es un monumento que guarda el eco de un acto que en su momento se vendió como gesto heroico y que con el paso del tiempo ha sido reinterpretado por muchos como parte de una narrativa impuesta.
Para algunos, representa el logro de una soberanía económica; para otros, la mascarada de una dictadura que quiso disfrazar su opresión con símbolos patrióticos. Lo cierto es que el Obelisco Hembra sigue en pie como un recordatorio permanente que molesta a más de uno, sobre todo a aquellos que se dicen herederos de las gestas liberadoras, pero que, en la práctica, han pactado con el olvido, el acomodo y la amnesia selectiva.
No sería extraño que en algún momento, como bien advertía Ramírez, un grupo de «honorables» congresistas proponga eliminar tan “tormentoso recuerdo visual”, como lo hicieran con otros episodios de la historia que se han ido borrando desde las cúpulas del poder.
Derribar un monumento es fácil. Lo difícil es derrumbar la memoria colectiva que lo sustenta. Y aunque la estatua parezca muda, cada vez que se levanta el sol frente al Mar Caribe, su sombra nos sigue recordando que la verdadera libertad, económica o política, aún no ha sido plenamente conquistada.
Así que, cuidado: no es el obelisco el que incomoda… es la verdad que representa.

