Reflexión sobre el Ministerio de Cultura
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO.-
El Ministerio de Cultura es una de las instituciones más representativas del desarrollo cultural y artístico de la República Dominicana. Con una estructura que incluye diversas dependencias descentralizadas, como la Dirección General de Bellas Artes, el Archivo General de la Nación, las Escuelas de Danza, el Teatro Nacional, y una red de museos, su función trasciende la simple administración burocrática.
Es un ente que debería liderar el fortalecimiento de nuestra identidad nacional y el enriquecimiento de nuestra diversidad cultural.
Sin embargo, la reciente designación de una persona para dirigir esta institución sin poseer las competencias necesarias ni una comprensión clara de las intrincadas responsabilidades inherentes al cargo es, sin duda, una bofetada a la cultura dominicana.
Este acto refleja una visión simplista y utilitaria de un ministerio que requiere sensibilidad, experiencia y conocimiento profundo para dirigir las diversas áreas que lo conforman. Si bien designar al Ministro de Cultura es una prerrogativa del Presidente de la República, esta decisión debería estar basada en criterios de competencia y compromiso con el desarrollo cultural del país.
La cultura no es un adorno político ni un trofeo para repartir entre aliados o amigos cercanos. Es un pilar fundamental del desarrollo humano y social de cualquier nación. Las decisiones tomadas sin transparencia ni criterio profesional envían un mensaje negativo a los gestores culturales, artistas y ciudadanos que trabajan incansablemente por preservar y promover nuestra herencia cultural.
Ignorar estas realidades equivale a minimizar el esfuerzo colectivo que, por generaciones, ha sostenido la riqueza artística de nuestro país.
Es momento de que el Gobierno y las autoridades correspondientes comprendan que la cultura no es un lujo, sino un derecho humano esencial. El liderazgo del Ministerio de Cultura debe recaer en manos de personas con una visión clara, preparación académica y experiencia probada en el campo.
Solo así se podrá garantizar que esta institución cumpla con su mandato de promover la cultura, el arte y el patrimonio de manera inclusiva y efectiva.
La cultura dominicana merece respeto y compromiso. No es solo una colección de tradiciones o monumentos; es la esencia misma de nuestra identidad como pueblo. Por ello, cada decisión que afecte su gestión debe ser tomada con seriedad y responsabilidad. Cualquier acción en contrario no es más que una traición a nuestra historia y a las generaciones futuras.

