Opinión

Una homilía candente que despierta conciencias

 

Por Dr. Lulio Cesar Terrero Carvajal

SANTO DOMINGO, RD.-

En la misa de las 10:00 de la mañana, dedicada a la familia, el padre Elvis pronunció una homilía que caló fuerte entre los feligreses. Inspirado en el pasaje de Lázaro, levantó su voz contra la corrupción gubernamental y la ola de préstamos que mantiene al país ahogado. Con palabras directas, afirmó que ya la nación no aguanta más endeudamiento, pues gran parte del presupuesto nacional se destina únicamente al pago de intereses.

El sacerdote denunció con firmeza que mientras la mayoría del pueblo vive en condiciones cada vez más precarias, los funcionarios exhiben apartamentos de lujo, casas lujosas y vehículos de alta gama, símbolos de una ostentación insultante frente a la miseria que golpea a los más pobres. La desigualdad, dijo, no es solo una injusticia social, sino también una afrenta moral.

Durante su mensaje, el padre Elvis hizo alusión a las llamadas «botellas» dentro de la administración pública, criticando duramente cómo se mantienen a individuos cobrando altos sueldos sin trabajar, mientras muchos dominicanos honestos deben laborar 48 horas semanales por apenas siete u ocho mil pesos. Esa injusticia, recalcó, es una herida abierta en el corazón de la patria.

No se quedó ahí: el sacerdote expresó que el aparato estatal ha sido secuestrado por un segmento de la sociedad que solo busca beneficios personales. Políticos y burócratas, con sus intereses particulares, se han olvidado de servir al pueblo. En contraste, el Evangelio de Lázaro recuerda que Dios mira con compasión a los humildes, no a los poderosos que se refugian en sus privilegios.

Con voz encendida, el padre Elvis cuestionó a la clase dirigente: “¿Cómo es posible que los políticos vivan de los lujos y beneficios del erario público, mientras el pueblo se hunde en la pobreza?”. Afirmó que ese modelo no puede sostenerse y que el país necesita un despertar moral y espiritual.

El religioso recordó a los fieles que las riquezas materiales no son malas por sí mismas, pero cuando se utilizan para oprimir y humillar a los demás, se convierten en maldición. Recalcó que la verdadera riqueza está en la espiritualidad, en la justicia y en la solidaridad con los más vulnerables.

Los feligreses escucharon atentos, muchos asintiendo con gestos de aprobación, pues reconocen en carne propia la dura realidad que describía el sacerdote. El mensaje resonó como una denuncia valiente, despojada de adornos, dirigida no solo a quienes gobiernan, sino también a todos los ciudadanos que deben exigir un cambio.

El padre Elvis exhortó a la población dominicana a rechazar con firmeza el “festival de préstamos” que mantiene hipotecado el futuro de las próximas generaciones. Llamó a no dejarse adormecer por discursos oficiales ni por promesas vacías que solo perpetúan el ciclo de endeudamiento y dependencia.

Con un tono profético, advirtió que la historia juzgará a quienes hoy prefieren los lujos y el despilfarro en lugar de servir con humildad y honestidad. Así como Lázaro fue levantado por la gracia divina, dijo, el pueblo dominicano también debe levantarse para reclamar justicia y dignidad.

Finalmente, el sacerdote concluyó su homilía con una exhortación directa: “Es hora de que este pueblo despierte, que no tolere más abusos ni engaños. Que nuestros líderes dejen de consagrarse al lujo y la vanidad, y vuelvan a poner su fe y compromiso en Dios y en el servicio al pueblo”. Sus palabras dejaron un eco encendido en la iglesia: un llamado a la conciencia nacional.

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