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La fuerza del pueblo repite los errores de su linaje político

 

Por Juan José Encarnación

SANTO DOMINGO, RD.-

La Fuerza del Pueblo es un partido que aspira a llegar al poder, sin embargo, las señales internas que proyecta indican un camino contrario. La organización se muestra dividida, arrastrando un patrón que parece hereditario dentro de su linaje político. Su “abuelo”, el PRD, y su “padre”, el PLD, quedaron fuera del poder precisamente por los conflictos internos y la falta de cohesión. Hoy, la Fuerza del Pueblo parece dispuesta a repetir ese mismo destino, ignorando las lecciones que la historia ha colocado una y otra vez frente a sus ojos.

A pesar de contar con un candidato joven, con capacidad, buena imagen y proyecciones reales de crecimiento, el partido insiste en apostar por Leonel Fernández, un líder desgastado cuyo discurso refleja las décadas de los años 70, 80 y 90. Esa insistencia en lo añejo no solo frena la renovación, sino que encierra a la organización en un túnel narrativo que ya no conecta con buena parte del electorado moderno ni con las nuevas generaciones de votantes.

En los últimos meses, la Fuerza del Pueblo ha mostrado una conducta de persecución hacia sus propios dirigentes. En lugar de fomentar la unidad interna, han surgido fracciones encabezadas por figuras con peso político como Rubén Maldonado y Félix Bautista, entre otros. Estos grupos internos han establecido líneas paralelas de poder que debilitan la estructura general del partido y evidencian que la convivencia política se hace cada día más tensa.

La división no solo se mantiene, sino que se profundiza. Recientemente, la dirigente política y comunicadora Wanda Vicente, precandidata a regidora por la Fuerza del Pueblo, denunció que fue objeto de amenazas directas presuntamente realizadas por una comisión interna de esa organización en la provincia de Azua. Este hecho no solo revela un ambiente de intimidación, sino que confirma el desorden interno y el clima de rivalidad que se vive dentro del partido.

La repetición de estos errores históricos demuestra que la organización no ha aprendido del pasado. Cuando un partido se convierte en su propio adversario, es inevitable que la sociedad perciba falta de coherencia, inmadurez institucional y ausencia de visión estratégica. Ese ambiente de tensión se traduce en debilitamiento electoral, pues ningún proyecto político crece fragmentado internamente.

Leonel Fernández, aunque posee amplia experiencia, no genera la seguridad política que requiere un partido que aspira a volver al poder. Su figura, en vez de unificar, se ha convertido en un punto de división. Su ego político parece impedirle reconocer que el tiempo ha cambiado y que su liderazgo ya no conecta como antes. Persistir en esa candidatura limita la evolución del partido y bloquea la posibilidad de abrir paso a nuevas generaciones con energías frescas.

Los conocimientos y la experiencia acumulada por Leonel podrían ser utilizados para formar, orientar y fortalecer a los líderes emergentes, contribuyendo así a la construcción de una organización moderna, democrática y visionaria. Sin embargo, la miopía política y la mezquindad impiden que esa sabiduría sea puesta al servicio del colectivo, manteniendo al partido anclado en una dinámica improductiva. Si la Fuerza del Pueblo no rompe ese círculo vicioso y no entiende que el país exige renovación, unidad y liderazgo creíble, inevitablemente volverá a quedarse fuera del poder. Mientras continúen sin ver más allá de la curva, repetirán una y otra vez los errores de su historia familiar: división, desgaste y derrota

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