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¿Qué pasará ahora en los cuerpos castrenses? entre la ciencia, la diversidad sexual y los riesgos de abuso de poder

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

El reciente pronunciamiento del Tribunal Constitucional, que aprobó la aceptación de la homosexualidad dentro de los cuerpos castrenses, ha reabierto un debate nacional que requiere madurez, precisión jurídica y rigor científico. Aunque muchos lo consideren un tema moderno, lo cierto es que prácticas homoeróticas fueron comunes en civilizaciones como Grecia y Roma, incluso dentro de sus élites políticas y militares, demostrando que la diversidad sexual siempre ha sido parte de la historia humana.

En esta discusión, las palabras del Dr. Ceballo resultan fundamentales. Él explica que hablar de orientación sexual no es referirse a “conductas desviadas” ni a “preferencias adquiridas”, sino a procesos profundamente conectados con la biología humana y la neurociencia moderna. Esta perspectiva deja claro que la homosexualidad no es un capricho ni un comportamiento adoptado, sino una expresión natural de la diversidad.

Durante las tres últimas décadas, investigaciones científicas con resonancias magnéticas, estudios genéticos con cientos de miles de participantes y análisis cerebrales post-mortem han demostrado que el cerebro de personas homosexuales presenta variaciones estructurales y funcionales específicas. Estas diferencias, lejos de ser patologías, confirman que la diversidad sexual es parte de la configuración normal de la especie humana.

Las investigaciones identifican diferencias en el hipotálamo, patrones particulares de conectividad entre hemisferios y respuestas diferenciadas a ciertas feromonas. Estos hallazgos no buscan etiquetar ni simplificar, sino explicar científicamente la complejidad de la orientación sexual sin moralismos ni prejuicios.

A pesar de ello, sectores mal informados intentan manipular estos datos para sugerir que existe un “cerebro gay” o un determinismo absoluto. La ciencia es categórica: no hay un marcador único que prediga la orientación sexual. Lo que sí se sabe es que esta no surge de estilos de crianza, traumas, decisiones adultas ni influencias externas.

La evidencia científica coincide en que la orientación sexual comienza a formarse en el vientre materno, influida por hormonas prenatales, procesos inmunológicos y miles de variantes genéticas que interactúan para definir un patrón estable de atracción. No es un aprendizaje, no es un contagio, no es una manipulación externa: es biología.

Ahora bien, la aprobación constitucional abre interrogantes que el país debe abordar con seriedad institucional. ¿Qué ocurrirá cuando un general, amparado en su autoridad, le ordene a un subalterno realizarle favores sexuales? Esta preocupación no es un ataque a la orientación sexual, sino un llamado a fortalecer los protocolos contra el abuso de poder. La coerción sexual —sea heterosexual u homosexual— constituye un delito y una violación flagrante del honor militar, y debe ser tipificada con mayor claridad para evitar que la reforma constitucional sea malinterpretada o utilizada de forma indebida.

De igual manera, surge la inquietud sobre ascensos y favoritismos. ¿Qué pasará cuando un miembro de bajo rango busque ascender y su superior inmediato sea homosexual? Este escenario obliga a las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional a garantizar sistemas de evaluación transparente, verificable y libre de toda influencia personal, afectiva o sexual. El país necesita reglas claras que protejan tanto a la institución como a sus miembros, evitando que esta reforma constitucional se convierta en un terreno fértil para sospechas, manipulaciones o injusticias.

La decisión del Tribunal Constitucional, por tanto, no debe verse como una amenaza, sino como un compromiso con la verdad científica y la dignidad humana. Pero para que funcione en la práctica, el Estado debe reforzar la ética militar, implementar protocolos estrictos contra el abuso de poder y asegurar que los ascensos respondan exclusivamente al mérito. Solo así se protegerá la institución, se evitarán abusos y se garantizará que la diversidad conviva con disciplina, orden y justicia.

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