Opinión

ATAQUE A TIROS A GENAO ESPAILLAT GENERA CONMOCIÓN

Por Sebastián Del Pilar Sánchez

Varios disparos seguidos retumbaron en la calle El Conde de la Ciudad Colonial a las 12:30 de la noche del martes 9 de agosto de 1966. Los clientes del Bar Panamericano, situado en la esquina de esa conocida vía y la calle Sánchez, se levantaron de sus asientos y avanzaron unos seis metros hacia el parque Independencia. Allí, sobre la acera, yacía malherido el reconocido exdirigente catorcista Luis Genao Espaillat, de 31 años, segundos después de haber salido de ese centro de diversión.

El joven herido recibió el impacto de cinco balazos de una pistola calibre 45. Fue trasladado de emergencia a la clínica del doctor Abel González, en la avenida Independencia, donde recibió atención oportuna por parte del personal médico liderado por el destacado ortopedista Simón Hoffiz Fuentes, graduado en la antigua Universidad de Santo Domingo en 1947 y especializado en el Hospital General de Filadelfia.

Al día siguiente, el doctor Hoffiz certificó que el exguerrillero y antiguo secretario nacional de organización de la Agrupación Política 14 de Junio había superado el estado de extrema gravedad que lo mantuvo recluido en la unidad de cuidados intensivos. Las balas le perforaron el fémur izquierdo —causándole una fractura conminuta del tercio medio—, la vejiga, y las regiones glútea, sacra y parietal inguinal derecha.

Tras el informe médico, Genao Espaillat sacó fuerzas de su lecho de enfermo para declarar ante los medios. Identificó al joven emepedeísta César Rojas Santana como su agresor y explicó que este, junto a otras personas —entre ellas el excombatiente constitucionalista Luis Gaspar de la Rosa (Guiguí)—, ya lo habían buscado previamente en el hotel Embajador con la intención de liquidarlo. Lo acusaban de haber traicionado al movimiento revolucionario del cual, hasta pocos meses antes, había sido uno de sus principales dirigentes.

Según su relato, volvieron a coincidir en el Bar Panamericano, pero fue a la salida del café cuando Rojas lo siguió sigilosamente. Sin mediar palabras, lo atacó con la pistola .45. El primer disparo impactó en su muslo izquierdo y lo derribó; de inmediato, aun estando indefenso en el suelo, su atacante intentó rematarlo con otros cuatro disparos apoyado por sus acompañantes. Uno de ellos le arrebató una pistola que cargaba, la cual no tuvo tiempo de desenfundar por la rapidez del suceso.
Añadió que salvó la vida milagrosamente gracias a la rápida intervención de varias personas que estaban en los alrededores. Entre ellas se encontraba su amigo, el ingeniero Rafael Fortunato Canaán

Fernández, quien arremetió contra los atacantes y los obligó a huir.
Indicó que los agresores creían, desde hacía meses, «que era necesario eliminarlo físicamente para amedrentar a otros activistas que intentaran traicionar sus ideales políticos». Debido a esta persecución constante, se había visto forzado a abandonar su hogar en la calle Antonio Maceo No. 11 —próxima a la residencia del exrector de la UASD, doctor Julio César Castaños Espaillat— para alojarse en el referido hotel, donde tras este atentado contaría con una fuerte escolta policial.

Cabe destacar que, después de la guerra de abril de 1965, Genao Espaillat vivía en la semiclandestinidad por temor a represalias, especialmente desde inicios de marzo de 1966, cuando supo de un complot para asesinarlo. Dicha trama fue denunciada en una entrevista secreta y exclusiva concedida al periodista Álvaro Arvelo hijo, publicada en el diario El Caribe el 15 de ese mismo mes.
En esa ocasión, el dirigente político responsabilizó al sector ultraizquierdista de su propio partido por lo que pudiera ocurrirle. Reprobó que dicha facción se dedicara a suplantar la línea nacionalista y democrática que adoptó el 14 de Junio desde su origen para imponer una nueva estrategia alineada al MPD, una organización marxista-leninista que postulaba la guerra popular inmediata.

La dirigencia catorcista se había identificado tanto con esa postura que preparaba a su militancia con cursos ideológicos opuestos a los principios de sus fundadores, Manolo Tavárez Justo y Leandro Guzmán Rodríguez, a quienes calificó de «nacionalistas y verdaderos luchadores constitucionalistas».
Según Genao Espaillat, estos cursos iniciados en 1965 y basados en el marxismo-leninismo y las enseñanzas de Mao Tse-tung conducían al partido al fracaso. Por ello, estaba decidido a combatir a los comunistas que controlaban la dirección. Subrayó que, tras el fracaso de las guerrillas de noviembre de 1963, el 14 de Junio volvió a fallar en 1965 con los frentes bélicos de San Francisco de Macorís, organizados con el fin de tomar las montañas. Ese declive se manifestaría luego en 1967 con la muerte de Orlando Mazara en las lomas de Ocoa y de otros dirigentes en Nagua y Bonao.

Cuatro meses después de que Genao Espaillat alertara a Arvelo hijo sobre la corriente marxista y proemepedeísta dentro del 14 de Junio, el panorama cambió drásticamente. El 8 de diciembre de 1966, el secretario general Rafael (Fafa) Taveras Rosario y seis destacados dirigentes catorcistas renunciaron al emblemático partido de la bandera verdinegra para ingresar al MPD. Entre ellos figuraban el doctor Guido Gil Díaz, el ingeniero Pedro Bonilla Mejía, el licenciado Agustín Moisés Blanco Genao, el ingeniero Amín Abel Hasbún, el ingeniero Jaime Durán Hernando y Manuel Pozo (Luchi).
Los renunciantes justificaron su decisión afirmando que no solo abandonaban el 14 de Junio, sino que se integraban a la «tarea de construir y desarrollar el partido proletario en nuestro país». A este paso se sumaron la mayoría del comité central, el comité del Distrito, la comisión sindical, organizaciones obreras y una amplia base de la militancia catorcista.

Genao Espaillat ya había vaticinado la desintegración de su antiguo partido. Aseguró que la división sería inevitable si «los nacionalistas que quedan» no reaccionaban ante el dominio del sector ultraizquierdista. Criticó, además, el envío de una delegación a la Conferencia Tricontinental de Cuba en enero de ese año, bajo la dirección de Fidel Castro y Ernesto (Che) Guevara, argumentando que los participantes quedarían subordinados a las directrices marxistas-leninistas del comunismo mundial.
Finalmente, recordó que la mística de esa aguerrida agrupación política siempre descansó en el más puro nacionalismo y que nunca debió abandonar la búsqueda de una revolución nacional democrática. Esta línea fue obviada por la nueva dirigencia instalada tras la muerte de Manolo Tavárez, ignorando que, luego de la traumática guerra de abril de 1965, el pueblo dominicano temía a la violencia, al odio y al terrorismo, vinieran de la derecha o de la izquierda.
Perfil de César Rojas

César Rojas se integró como militante del Movimiento Popular Dominicano (MPD) en 1961. Rápidamente se alineó con la facción radical que perseguía a los remanentes del trujillismo, una estrategia diseñada por Andrés Marcelino Ramos Peguero, segundo líder de la organización. Rojas no tardó en convertirse en el principal lugarteniente de Ramos Peguero mientras este se desempeñaba como secretario de organización del partido de la bandera roja y negra.

El 31 de marzo de 1962, Rojas participó junto a su líder en un ataque a tiros contra una patrulla policial en la intersección de las calles Seibo y Marcos Ruiz, en el Distrito Nacional. Esta acción buscaba detonar el primer foco de insurgencia urbana tras la muerte de Trujillo. El asalto dejó un saldo trágico: la muerte del raso Ramón Antonio Castillo Henríquez y heridas graves a los agentes José Francisco Santiago y Norberto Rodríguez Gavin.
El conflicto con Caamaño en Cuba

Dos años después del atentado contra Luis Genao Espaillat, Rojas volvió a ser protagonista en el tablero bélico de la izquierda, esta vez en el exilio. Se vio envuelto en una peligrosa contradicción con el coronel Francisco Alberto Caamaño, quien preparaba en Cuba el proyecto guerrillero que se materializaría cinco años después.
Este episodio histórico lo detalla el escritor Manuel Matos Moquete en su artículo «Caamaño: Héroes y antihéroes (y III)», publicado en Diario Libre el 14 de julio de 2014. Según el autor, el 21 de agosto de 1968, Rojas integraba un grupo de exdirigentes del MPD —comandados otra vez por Ramos Peguero— comprometidos a entrenar con el Héroe de Abril en el campamento «Punto Cero».

Tras retractarse del acuerdo en pleno suelo cubano, el grupo fue arrestado y encarcelado en el Castillo del Príncipe, en La Habana. Entre los detenidos figuraban el propio Matos Moquete y Tácito Perdomo Robles, quien en el futuro se convertiría en el emblemático delegado político del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) ante la Junta Central Electoral.
Cómo se inició la agresión a Genao Espaillat

De regreso a la noche del martes 9 de agosto de 1966, es necesario precisar que Genao Espaillat se encontraba en el bar Panamericano disfrutando de unos tragos junto a su amigo, el ingeniero Fortunato Canaán. Cerca de la medianoche, irrumpieron en el lugar el joven César Rojas y sus acompañantes, quienes pasaron frente a ellos con gestos despectivos y una visible actitud de confrontación. Esto motivó a Canaán —quien también conocía a Rojas— a levantarse de su asiento y acercarse al mostrador donde se había instalado el joven emepedeísta. Lo saludó de forma afable y le sugirió que se uniera a su mesa para saludar a Genao Espaillat.

Rojas rechazó el ofrecimiento exclamando a viva voz y en tono desafiante, para que lo oyeran todos los presentes: «Yo no comparto con traidores de la causa revolucionaria». Aludía, sin duda, a la condición de «renegado» que la comisión política del Movimiento Revolucionario 14 de Junio le había impuesto a Genao Espaillat el 17 de diciembre de 1965, al tomar la decisión de expulsarlo de sus filas.
Esa drástica sanción fue provocada por la postura moderada y legalista que había adoptado Genao Espaillat. El dirigente pretendía que su antiguo partido asumiera una vocación electoral, por considerar que las urnas eran la «única salida a la crisis nacional, siempre que dichas elecciones estén garantizadas bajo un clima de libertad y seguridad».

A su juicio, la línea foquista que él mismo ayudó a fomentar en el movimiento desde el 10 de enero de 1960 había sido un error. En aquella fecha, varios luchadores antitrujillistas, liderados por Manuel Aurelio (Manolo) Tavárez Justo, fundaron la organización clandestina durante una reunión secreta en la finca del ingeniero Carlos Bogaert Domínguez, en Mao. Desde entonces, Genao Espaillat operó como una de sus figuras principales en calidad de secretario de organización. No obstante, esa estrategia foquista provocó la trágica inmolación de Tavárez Justo y de sus compañeros, quienes tomaron el camino de la insurrección armada en las montañas el 21 de noviembre de 1963.

El propio Genao Espaillat fue comandante del frente guerrillero Mauricio Báez, integrado por destacados combatientes que cayeron defendiendo sus ideales en diciembre de ese año. Entre ellos figuraban el pintor Rafael (Pipe) Faxas Canto, Luis Ibarra Ríos y Adolfo Pérez Sánchez —nativos de San Pedro de Macorís y El Seibo—, así como Francisco Bueno Zapata, de Santiago Rodríguez.
La acusación de traición, formulada por la dirigencia del 14 de Junio y adoptada por César Rojas con manifiesto sectarismo esa noche en la calle El Conde, se debía a que sus antiguos compañeros no le perdonaban que abjurara de las convicciones socialistas que exhibió durante sus viajes oficiales a China continental, Vietnam del Norte, Corea del Norte y Cuba.

Muy pocos líderes dominicanos de la época tuvieron la oportunidad de sostener audiencias personales con figuras de la talla de Ahmed Ben Bella, primer presidente de Argelia tras su independencia en 1962; Mao Tse-tung, fundador de la República Popular China; el presidente chino Liu Shaoqi y su primer ministro Chou En-lai; Ho Chi Minh, presidente de Vietnam del Norte; o los líderes de la Revolución cubana: Fidel y Raúl Castro, Camilo Cienfuegos y Ernesto (Che) Guevara.

Sin embargo, tras recorrer los países socialistas entre 1961 y 1965, Genao Espaillat cambió radicalmente de postura. Concluyó que el sistema comunista era «un rotundo fracaso» porque sus pueblos vivían «en la miseria y bajo una férrea dictadura». Esta voltereta ideológica alimentó la hostilidad de Rojas en el bar Panamericano, lo que llevó al ingeniero Canaán a advertirle firmemente que debía desistir de su constante persecución, ya que Genao Espaillat se encontraba bajo su directa protección.

Tras sobrevivir al atentado, Genao Espaillat rompió definitivamente con su vieja organización, aunque declaró a la prensa que continuaría con más vigor su combate contra el comunismo porque «no sentía miedo». Poco después, se integró al gobierno de Joaquín Balaguer como viceministro de Interior y Policía. Por su parte, César Rojas permaneció en la izquierda, pero fuera del MPD. Días después del suceso, dicha organización se desligó del agresor informando públicamente que Rojas ya no pertenecía a sus filas, pues había salido voluntariamente de ellas hacía mucho tiempo.

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