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A 27 años de la partida de un titán del pueblo

 

Por Juan José Encarnación

SANTO DOMINGO, RD.-

Un día como hoy se nos fue el líder más popular y electrizante de la República Dominicana y de la América morena del siglo pasado.

El 19 de julio se fundó el primer comité del PRD fuera de la capital. Al doctor José Francisco Peña Gómez lo conocimos en Sabana Larga, San José de Ocoa. Visitó la casa de mis abuelos maternos, Francisco Soto y Rosaura Ortíz. Mi madre, Estela Soto, fue una de las fundadoras del PRD. Por ese hogar pasaron figuras como Peña Gómez, Juan Bosch, Ángel Miolán y Manolo Tavárez Justo.

Mi abuelo tenía una cotorra indiscreta que decía: «Libertad con Navidad». Todavía en esa época, los soplones trujillistas vigilaban la casa de mis abuelos. Bosch quería la cotorra, y Manolo también. Pero mi abuelo Francisco no quiso dársela. Esa consigna era de la Unión Cívica, luego rival del PRD en las elecciones de 1962: Viriato Fiallo contra Bosch. Ganó Juan Bosch con una victoria amplia, pero con su política de borrón y cuenta nueva, se apoyó en trujillistas. Los conservadores lo derrocaron a los siete meses.

Peña Gómez encabezó la conspiración contra el gobierno usurpador de Donald Reid y el triunvirato. El 24 de abril de 1965 llegó el llamado de Peña Gómez por Tribuna Democrática: «Pueblo a la calle». Exigía la vuelta a la constitucionalidad sin elecciones, la reposición de Juan Bosch.

Francisco Alberto Caamaño se convirtió en el líder de la revolución de Abril. Siguió la invasión americana con 42 mil marines, refrendada por la OEA. En 1966 se celebraron elecciones que ganó Joaquín Balaguer con el Partido Reformista, imponiéndose sobre Bosch. Ahí empezó una verdadera cacería contra los constitucionalistas.

En 1970 y 1974, el régimen semidictatorial de Balaguer impidió la participación del PRD. Hubo persecución a muerte, presos políticos, desaparecidos y deportados. En 1971 ingresé a Tribuna Democrática junto a Milqueya Corporán y Plinio Vargas Matos, una de las voces de la revolución de Abril.

El 15 de diciembre de 1973, Juan Bosch, líder máximo del PRD, dividió el partido. Estuve con Peña Gómez en Tribuna todo el tiempo. Peña quedó paralizado por la actitud de su maestro político. Al día siguiente, lo encontramos llorando en la casa de Maldonado, en la calle Palo Hincado del Distrito Nacional. Allí vivía. Era lunes 16 de diciembre de 1973. Peña nos dijo que volvería a Francia a estudiar para dejarle el PRD a Bosch. Don Juan era muy cerrado. No daría marcha atrás.

Llegué hasta la mesa del comedor donde Peña estaba sentado, con la cabeza hacia abajo. Me acompañaban Fausto Herrera, Aridio García, Celestino Vásquez y Alejandrina García. Di un golpe en la mesa:

—»¡Líder, póngase de pie y tome las riendas del PRD, que la zona E del Ensanche Espaillat se ha sublevado contra Bosch!»

Desde ese momento, todas las zonas y provincias hicieron lo mismo. Nos quedamos con Tribuna Democrática. Cuatro años después llegaron a Tribuna Tony Raful, Sebastián del Pilar y Luis José Chávez.

En 1974, la guardia balaguerista salió a las calles con banderas rojas en los cañones de sus fusiles para impedir la participación del PRD en las elecciones. Después del fraude de 1977, Peña Gómez y yo salíamos de madrugada a contactar altos oficiales de las FFAA y la Policía Nacional.

Lo buscaba en su casa en Piantini, donde vivía con Rosita Meléndez, a la 1:00 de la madrugada, en mi camionetica Toyota. Nos reuníamos en la Sarasota con figuras como Imbert Barreras y Hermida González. Esos contactos fueron exitosos en 1978, cuando Don Antonio Guzmán ganó la presidencia.

El 19 de mayo de 1985, a las 11:30 a. m., sábado, acompañé a Peña en un recorrido como síndico por el Distrito Nacional. Al final me dijo:

—»Encarnación, vamos a detenernos en la José Reyes a tomarnos un jugo de limón.»

Allí se recortaba el pelo y había una cafetería.

Sentados en dos banquetas, esperando el jugo, me dice:

—»Estoy viendo todo oscuro.»

Se desvaneció en mis brazos. Pedí ayuda. Lo sentamos en una silla, le desabotoné la camisa, le quité los zapatos, pedí agua fría y se la puse en la cara. Solicité una camita y lo pusimos en el patio, debajo de una mata de limoncillo.

Reaccionó, pero cinco minutos después volvió a perder el conocimiento: un infarto. Lo llevamos al vehículo. Tomé el timón y me lo llevé todo por delante. Pensé en llevarlo al Hospital Padre Billini, pero dije: «Esto es del gobierno», y lo conduje a la emergencia de la clínica Abel González, en la avenida Independencia.

El doctor Pedro Taveras estaba de guardia. Le dije:

—»Tiene la presión en cero, estabilízalo, que voy a buscar a Cuello Mainardi.»

También busqué a Bernardo Defilló, Anís Vidal y el doctor Soto Martínez, jefe de Cardiología, que estaba en Rancho Arriba. Todos llegaron.

Decidieron ponerle un marcapasos. Peña no quería. Preguntó:

—»¿Y mi carrera política?»

—»Sin el marcapasos te vas,» le dijeron. Aceptó.

Mantuve el control de las informaciones para evitar multitudes. Había que estabilizarlo. Nelson Sánchez, veterano periodista que andaba con nosotros, no se contuvo. A las 2:00 p. m. informó a Ramón Colombo. Ahí mismo el país se sacudió.

Me tocó recibir al presidente Joaquín Balaguer. Fue a visitarlo a cuidados intensivos. Parecían padre e hijo. Increíble, las cosas de la política. Vi a Peña Gómez muy bien. El doctor Pedro Taveras le informó a Bosch, y Bosch lloró.

El presidente Salvador Jorge Blanco me mandó a buscar. Cuando llegué a su casa en Naco, lo primero que me increpó fue por qué no lo llamé para mandar a buscar a su médico en Santiago. Bernardo Defilló le dijo:

—»Si Encarnación dura 10 minutos más sin llevarlo a la Abel González, Peña muere.»

Salí de allí y regresé a la clínica para atender a mi líder.

Falta mucho por contar. Me he mantenido fiel a sus principios e ideales.

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